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El teatro noh, un género artístico en el que abundan las historias de fantasmas.

FANTASMAS EN EL PROSCENIO

Especial fantasmas

Teatro Noh

Los antiguos japoneses tenían la creencia de que cuando alguien moría de forma violenta necesitaba ser reconfortado con funerales u oraciones. Si el alma de la persona asesinada no era redimida entonces aparecía el Yurei, un espíritu con ansias de venganza. Durante el siglo XIII la secta budista Jishu se desplazaba hasta los escenarios donde se habían producido batallas para honrar a los caídos con un ritual en el que se mezclaban cantos y danzas y se evocaba la vida de los fallecidos, para así exorcisar sus almas.

Estas ceremonias pueden considerarse como embrión del teatro noh, un género artístico en el que abundan las historias de fantasmas. El noh es una combinación de baile y música basada en textos budistas y leyendas chinas y japonesas centradas en historias de amor, batallas históricas o dramas. Tiene conexiones con la tragedia griega y los autos sacramentales debido a la presencia de un coro. Cuando el dramaturgo Yukio Mishima invitó al escritor Fernando Arrabal a una sesión de teatro noh, le aconsejó que se armara de un abanico y un libro dado lo tedioso del espectáculo. Y es que la economía de diálogos y decorados puede dar al traste con la paciencia de cualquier occidental no habituado a estas lides.

Lentitud, silencio, vacío, laxitud, tensión y sugestión a través de símbolos y gestos son elementos que definen a este tipo de liturgia dramática. En el noh es importante una cualidad japonesa que va más allá de la estética. Es el Yugen (Yu es tenue y gen significa oscuridad). La “tenue oscuridad” alude a la capacidad que tiene para huir de lo evidente y sugerir. Zeami, el autor clásico más prolífico del Noh, decía que “el arte se encuentra en una zona entre la sombra y la sustancia”. De ahí la trascendencia del lenguaje misterioso del noh. Una mano que se dirige pausadamente hacia el rostro es sinónimo de llanto, mientras que una patada en el suelo representa el desvanecimiento de un espíritu.

En el noh hay dos tipos de personajes: el waki, que es un peregrino que se dirige a un lugar sagrado. Es un pretexto para que entre en juego el shite, el actor principal y portador de la máscara. El shite suele presentarse con la apariencia de una persona normal para luego transformarse en un fantasma. Es quien baila, canta y dota del componente dramático a la obra.

En “Tomomori”, pieza de Funa Benkei, el shite es un guerrero ahogado en la batalla de Dannoura (1185) que pretende hundir sin éxito el barco de Yoshitsune, el señor feudal que provocó su suicidio. El waki actua como conciliador para que el shite encuentre al fin la paz. El general norteamericano Ulysses Grant, primer occidental del que se tiene constancia que presenciara una obra de noh, exclamó algo confuso y admirado al término de una función: “No dejen que se pierda este arte”. Por algo sería.


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Por Miguel Angel Sánchez Gárate
Foto:
Revista 71 (15/02/2007 a 15/03/2007)


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