9. MUHAMMAD I. El gigante fallero.
Me llamo: El Gigante de Muhammad I
Soy: Un personaje de la comparsa de Gigantes y Cabezudos de Madrid, una de las pocas cuyas figuras tienen nombre y apellidos. Los gigantes somos personajes históricos y los cabezudos son personajes populares. A través de nosotros se puede hacer un recorrido por la historia de la ciudad: desde el año 850 hasta el año 1928. Desde la personalidad más reciente, Isabel II, pasando por Luís Candelas, Carlos III, La Arganzuela, San Isidro, Goya o la Duquesa de Alba, hasta llegar a mí mismo, el más antiguo, Muhammad I: el rey moro que amuralló esta villa y le puso nombre, Magerit, o sea, Madrid.
Mi vida: Fui creado en 1967 por el maestro fallero Regino Mass y Tomás Borras me puso nombre. Los gigantes y cabezudos, de tradición celta, éramos habituales en las procesiones del Corpus desde el siglo XIV. Sin embrago, en 1772 Carlos III nos prohibió salir de procesión, presionado por un obispo de Barcelona, y quedamos olvidados hasta finales del S.XIX. Mi vida está llena de avatares: tras un breve tiempo saliendo a la calle (del 67 al 75), volvimos a ocupar unos sótanos en Legazpi. Trataron de restaurarnos en el año 1984, y volvimos a ser enterrados, esta vez entre sillas y mesas, en un almacén de la Casa de Campo. Yo y otras tres figuras más – Luis Candelas, La Arganzuela y La Calderona – desparecimos misteriosamente, y tuvimos que ser creados de nuevo en 2004.
Me ven: Cuando salí junto a mis compañeros este año en San Isidro, me encantó contemplar cómo mis compañeros y yo servíamos para que los padres contasen a sus hijos la historia de Madrid.
Me veo: Soy de cartón fallero, siguiendo las técnicas del que fue mi primer creador en 1967. Mis ropas, que también se perdieron, han sido reconstruidas a partir de los bocetos originales de mi sastre, Manuel Comba.Busco/persigo: Me gustaría poder salir de a las calles de Madrid años tras año y que no tengamos que volver a un lúgubre sótano. Somos la historia de Madrid y merecemos ser recordados.
Por Jaime Velázquez
10. GULLIVER. El tamaño es relativo.
Nombre: Lemuel Gulliver
Profesión: Médico naval, aventurero y censor de vicios ajenos.Nacionalidad: Aunque natural de Nottingham, residente en Redriff, y explorador de los confines del mundo, mi corazón será siempre de la tierra de los Houyhnhnms.
Mi aspecto: El de un caballero inglés, por supuesto.
Mi vida: No aburriré a la candidata con datos superfluos sobre lo que hice, bien poco por cierto, antes de echarme al mar. He de aclarar, no obstante, que mi padre fue, ha sido y será siempre un moderado comerciante de Nottingham, y no el poeta, novelista y crítico de la ingrata Irlanda, don Jonathan Swift. Que éste se me adelantase en 1726 y editase mis aventuras, no le da más derecho que los de autor, obtenidos en alguna taberna por boca de algún marinero de los que me acompañó en mis numerosos viajes.Aclarado esto puedo presumir de ser un yahoo (un ser despreciable) pulido en tierra de Houyhnhnms, que a pesar de no ser sino caballos dotados de razón, son la raza más noble de cuantos puso nuestro Señor en la tierra. A ellos llegué tras conocer Liliput, la tierra de los seres minúsculos en la que me convertí en gigante y en la que caí en desgracia por orinar en el palacio real para apagar un incendio; Brobdingnag, donde sus habitantes son de un tamaño tal que yo podía solazarme sumergiéndome dentro del escote de las damas, y otras diversiones que omitiré, pues soy caballero inglés; la isla voladora de Laputa, donde conocí los hombres más sabios y aburridos del planeta; y tantos otros lugares que espero poder compartir con una compañera frente al fuego del hogar.
Aficiones: viajar, leer y hablar mal de los hombres de mi tiempo mediante alusiones y metáforas.
Busco: Una yahoo menos despreciable que las demás, que me cocine, y me limpie, ahora que mi mujer ha muerto. Es imprescindible que la candidata tenga las dimensiones humanas corrientes en Inglaterra. Ni siquiera una mujer de altura normal, pero pechos generosos o diminutos, me provocará otra reacción que no sean nauseas. Españolas y portuguesas abstenerse.
Por Mario Cuesta.