Desde el profundo silencio de su sordera, Emilio José Salinero trabaja con sonido. Ha publicado Máquinas-insectos-espacios, su primer disco al que él prefiere llamar “exposición auditiva que reivindica la libertad, la imaginación, la invención y la exploración”. Crea a través de la vibración que producen en su cuerpo ciertas frecuencias, dando como resultado lo que Salinero explica como “pinceladas de órdenes y desórdenes fabricándose en sí un concepto sonoro desde el punto de vista de mi sordera”. Dice que “el silencio no existe, su concepto es un símbolo lingüístico para contrarrestar el sonido. Es puro lenguaje. Y el ruido tampoco existe, es un símbolo lingüístico para expresar como contaminación sonora.”
Máquinas-insectos-espacios · www.alg-label.com
Música, pintura: una relación silenciosa
En pleno auge de las vanguardias, en la década de los 50, el expresionismo abstracto de Jackson Pollock o Mark Rotko inspiró al minimalismo de LaMonte Young, John Cage y, por encima de todos, de Morton Feldman. La relación silenciosa entre la obra de Rotko y la de Feldman es el paradigma perfecto para explicar el simbolismo que el silencio adquiere entre ambas disciplinas artísticas. En “Rotko Chapel”, Feldman rinde tributo al pintor americano jugando con el sonido más minimal y monocromático, que por momentos se torna en silencios infinitos, para expresar sensaciones indescriptibles, abstractas, sólo meditadas bajo el influjo de un silencio furibundo.
Por Jaime Casas
john cage, el silencio como ciencia
El músico más arriesgado y formalmente innovador de la historia. Suena grandilocuente y desproporcionado pero Cage (Los Ángeles, 1912 - Nueva York, 1992) fue un valiente en tierra de nadie que dio sentido musical a la mínima expresión del sonido: el silencio. Primero abordó el minimalismo, y desde allí jugó con el silencio como un sonido más de toda la escala tonal. Pueden juzgarlo como un extravagante más del universo vanguardista, y quizá no se equivocan porque, claro, si ustedes no quieren no entenderán como es capaz un músico de sentarse ante un piano, no tocar ni una sola nota, y poco después levantarse e irse. John Cage era así, llevó al extremo el concepto de silencio y, sobre todo, un sentido tan completo como su opuesto, el sonido.
Por JC
Cine mudo
George Melford clausuró la etapa del cine mudo con la película The Poor Millionaire. Corría el 1930 y un legendario e ingenuo Eisentein sentenciaba en la Sorbona: El cine sonoro es una idiotez 100%. Una mala aproximación. Incluso Chaplin, el gurú del silencio presentó en 1936 Tiempos modernos, un híbrido mudo con efectos sonoros. Y los tiempos modernos también adaptaron sus obras a la historia del séptimo arte. Con guiños. Homenajes. Y culto. Jacques Tati lacró su fidelidad con la elipsis textual y su carrera fue un derby entre gags visuales de cine mudo y acústica refinada. De 1945 a 1978. El delirante Mel Brooks dirigió en 1976 La última Locura. Reverencia y elegante oda al silencio. Genialidad sin aliñar avalada por la presencia de un impecable Marcel Marceau, único personaje con texto en la película. Jerry Lewis o Philip Groning perpetuaron la leyenda. “Mi proyecto ideal sería cine mudo, alcanzar la pureza de la imagen. Sin palabras”. Guillermo de Toro dixit. El futuro es ruido mudo.
Por RQ