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Javier Corcuera
El arte de provocar
Bombas sobre tu cabeza
Javier Corcuera (Lima, 1967) lleva 20 años instalado en Madrid. Llegó a nuestro país con la intención de ser cineasta y lo ha acabado consiguiendo en un campo que, además, no es precisamente fácil: el documental de corte social. La primera muestra de su indudable talento para captar los aspectos menos agradables de la realidad tuvo lugar con La espalda del mundo, demoledor trabajo en el que quedaba reflejada la brutalidad en un corredor de la muerte de Estados Unidos, las condiciones de vida infrahumanas de unos niños en Perú y el drama de los refugiados turcos. Estos días estrena en Documenta Madrid su último trabajo, Invierno en Bagdad, una película que se cruzó en mi camino mientras preparaba una pieza sobre la música afroperuana y que rodó a finales de 2004 en la capital de Irak, aún devastada por los efectos de la invasión norteamericana. Quería hablar de los efectos de la guerra. Retratar la realidad de sus víctimas y sus secuelas. Es un filme que podrá verse igual dentro de cinco años porque es una reflexión sobre lo que significa cualquier conflicto bélico para la gente que lo sufre, en cualquier parte del mundo.
Bajo la producción, como suele ser habitual con él, de Elías Querejeta, Corcuera vivió durante tres meses en Bagdad con un equipo reducido de ocho o nueve personas de las cuales la mitad eran iraquíes. Se encontró con una ciudad sumida en el caos y el terror: Había bombas todos los días. La noche de Navidad saltó por los aires el restaurante al que solíamos ir a cenar. Pasamos miedo, claro. Claro que ya tenía cierta experiencia debido a que unos meses antes el director había formado parte de los escudos humanos occidentales que habían tratado de impedir el ataque, con escaso éxito. De hecho, el punto de partida del documental era encontrar a unos chicos que había conocido en esa época. A partir de aquí, un viaje hacia el horror de los bombardeos y los amigos y familiares perdidos a través de las voces de unos adolescentes que se reúnen junto al Tigris. Ellos son los protagonistas de un filme que prefiere obviar la discusión política para centrarse en lo que quizá es más importante: el dolor de quienes la padecen.
Documentalista de pro, Corcuera siente que sus referentes están en el cine de ficción y concibe el documental desde dos puntos de vista. Por una parte, lo importante es contar una buena historia que emocione al espectador, para ello no es tan importante la estructura narrativa que utilices como esa capacidad de crear una reacción. Por la otra, la fidelidad a los personajes, reales, que aparecen en la película: Su opinión siempre es la que más me preocupa. Ni en el cine ni en la vida se pueden tergiversar las palabras de otros. Afortunadamente, hasta la fecha, siempre les ha gustado lo que he hecho.
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1
Por Juan Sardá
Foto: Nuria Cuesta
Revista 63 (15/04/2006 a 15/05/2006)
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