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Juan Mayorga
“No creo que la misión del teatro sea entretener ni tampoco adoctrinar”
Suma y sigue en teatro
El Duende (ED) - En "Copito de Nieve" (Teatro Nuevo Alcalá) repites con Animalario y con un tema de actualidad.Juan Mayorga (JM) - Ya vamos camino de la quinta colaboración. Respeto mucho su sentido de responsabilidad para con la sociedad. Yo lo llamo Teatro Histórico de Urgencia. Tenemos un sueño común en el que cuatro actores hicieran por la tarde una representación sobre un acontecimiento que haya sucedido por la mañana. Un teatro periodístico que reaccionara rápidamente. De hecho "Alejandro y Ana" fue una revancha que nos salió del alma ante una torpe y obscena exhibición de poder.
ED - ¿Sigue vigente el teatro como arma política?JM - El teatro es un arte inevitablemente político, porque se hace de forma concreta hoy, en un lugar concreto, ante una asamblea. Es difícil que el teatro pueda mantenerse al margen de lo que pasa; cuando lo hace, como el teatro de evasión, está confirmando lo que hay. El teatro es inevitablemente político, pero en ocasiones es vocacionalmente político en la medida en que quiere intervenir.
ED -¿Pero cuál es su capacidad real de intervención?JM - Probablemente muy escasa. No olvidemos que el bueno de Federico Trillo hizo su tesis doctoral sobre Shakespeare y no parece que le haya lucido el pelo. Walter Benjamin (sobre quien versó su tésis doctoral) decía que el único optimismo posible era una organización del pesimismo. Los tiempos pueden ser muy oscuros, pero tú puedes limitarte a confirmarlos o puedes intentar, aunque sea modestamente, plantear una discusión. Me gusta el planteamiento del dramaturgo francés Enzo Corman en el sentido de que el arte no debería reproducir el ruido sino levantar un pliegue para revelar lo que hay debajo. No creo que la misión del teatro sea entretener; me espanta ver el teatro como un matadero de tiempo; tampoco creo que su misión sea adoctrinar. Benjamin dice que el hombre moderno se ha empobrecido en experiencia. Una de las misiones del arte, o que al menos yo otorgo al teatro, es enriquecer en experiencia al espectador, que sea para él tan importante como una conversación, o un encuentro con una persona. El teatro debe ensanchar la vida del espectador.
Además, el teatro puede oponerse frontalmente contra los discursos únicos, ya que es el género dialéctico por antonomasia. Sólo hay diálogo en escena si hay posiciones enfrentadas. En este sentido la dramaturgia es un arte de la ausencia, porque el autor debe desaparecer. En los grandes, como Chejov o Shakespeare, es difícil saber detrás de qué personaje está el autor. Los grandes son capaces de mostrar posiciones enfrentadas y defenderlas a muerte.
ED -¿Eso no lo contamina la presencia del actor o del director?JM - Un mal del teatro se da por el exceso de presencias, cuando el autor, el director, el iluminador y todos quieren dejar su huella. Mi pequeño lugar en el teatro es la escritura del texto; siento una enorme felicidad cuando unos intérpretes llevan mi texto a un lugar inesperado por mí. El texto es más que el autor; tiene la capacidad de encontrarse con otras experiencias que para mí son desconocidas, en ocasiones porque el espectador vive en una cultura distinta a la mía. El texto ha de contener elementos que tú juzgues innegociables, pero por otro lado ha de ser lo bastante abierto para que permita la interpretación radical del director, de los actores y, finalmente, de los espectadores. Ha de ser una suma de todas esas voces.
ED - ¿Qué transformaciones crees que ha sufrido el teatro?JM - Hay una politización en el mejor sentido de la palabra, un intento de intervención. Otro fenómeno es el compromiso de actores famosos con el teatro, por ejemplo Gonzalo de Castro con "Copito...", un texto pequeño, cuando podría rentabilizar más su fama. Y más importante aún, un orgullo por el teatro. Hay que acabar con la ilusión de pretender crear una gran industria, porque no se trata de eso. El fin es hablar a la gente con sinceridad. No estamos en una segunda división con respecto a Hollywood. No hay nada que no podamos contar a través del teatro, y por eso el teatro está más vivo que nunca.
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1
Por Mario Cuesta
Foto:
Revista 47 (15/10/2004 a 15/11/2004)
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