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Juan Tébar,  Verónica Fernández y Ángel Agudo

JUAN TEBAR, VERÓNICA FERNÁNDEZ Y ÁNGEL AGUDO

Primer plano. El jardín de Akademus

ESCRIBIENDO SUEÑOS

Toda alquimia tiene un origen. El de las imágenes de cine y televisión (a veces maravillosas, otras ominosas) son los sueños que los guionistas tienen delante del papel. Su oficio ha proliferado al calor de escuelas de cine que funcionan como los talleres renacentistas. Reunimos a tres generaciones de profesionales que imparten y reciben magisterio en la ECAM. 

Juan Tébar (Madrid, 1941) es profesor de guión en la ECAM (Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid) desde su fundación en 1994. Antes de dedicarse a la enseñanza escribió guiones para Ibáñez Serrador o Jaime Chávarri. Verónica Fernández (Soria, 1971) fue alumna suya en la primera promoción y, aunque está en su cenit profesional, da clases de guión de televisión. Ha escrito series como El Comisario o Cuéntame y tiene un Goya por El Bola. Ha comenzado a dar sus primeros pasos teatrales con “Presas”. Y Ángel Agudo (Madrid, 1980), alumno de ambos, acaba de diplomarse en guión y le gusta el cine de terror. El Duende les reunió en El Retiro, una soleada tarde de verano con olor a horchata, para charlar sobre un oficio apasionante.

¿Es desconocido vuestro oficio?


Juan Tébar: Sí, sólo se conocen los directores. Es una profesión anónima y mal pagada.
Verónica Fernández: El cine sale de la escritura. No nacemos por generación espontánea. Se puede aprender.

¿Qué importancia tienen los maestros y la escuela?

VF:
Quería ser escritora, pero entré en la ECAM y pude unir mis dos pasiones: el cine y la escritura. Se puede ser autodidacta, pero una escuela te acelera el proceso y ves que, aparte de una vocación, es una profesión.
JT: Hay menos guionistas autodidactas que escritores porque el esquema de trabajo es muy concreto. Y porque un novelista no tiene que aprender de edición, ilustración… sin embargo, un guionista, cuanto más sepa de cine, mejor escribirá.

¿Quiénes fueron los vuestros?

JT:
Estudié Dirección en la mítica EOC (Escuela Oficial de Cinematografía). Hay otro concepto de maestro y, aunque no me dieran clase, considero como tal a Zavattini [padre del Neorrealismo] o Rafael Azcona. Se aprendía más viendo películas. Ahora se publican guiones. Antes no, aunque necesitábamos que nos explicaran cómo se escriben y algo fundamental: un guión es inventarse escenas que estén sucediendo ahora, evitando elucubraciones psicológicas. Otra ventaja es que ahora el 90% de las novelas se escriben así.
VF: Mi primer tutor fue José Luis Borau. Recuerdo su carácter, su ironía, sus enfados y, sobre todo, el amor que le tenía al oficio que nos enseñaba.
JT: A mí me encantó Carlos Serrano de Osma. Y en dirección tuve a Berlanga y Carlos Saura.
VF: Todos me abrieron puertas: desde una conferencia de Pilar Miró hasta Yolanda Serrano, con la que luego escribí novelas y guiones. Antonio Drove, Carlos Heredero… Ricardo Franco trajo el guión de El manso (luego La Buena Estrella). Tenerlo en las manos y ver luego la peli que hicieron era un mundo.

¿Y qué tenían esos maestros?

VF:
Algunos te enseñan técnica y otros una visión de la vida. Las dos cosas son importantes.
JT: Es imprescindible es tener pasión, interés y amor por lo que enseñas. Para aprender la técnica te compras un libro.
Ángel Agudo: Para ser profesor lo más importante es saber escuchar al otro. Ponerse en su piel. Es muy fácil desanimarte: basta con que no te hagan caso.
JT: Mi mejor recuerdo de alumno es estar con gente que tenían mi misma pasión. Una compañera fue Pilar Miró, que había visto Mujercitas y lloraba. Los mejores profesores son los compañeros.
VF: Estoy de acuerdo. Les tengo cariño y respeto porque me enseñaron mucho.

¿Es un paso natural el enseñar?

JT:
Según un dicho, uno trabaja mientras puede, y cuando no puede, enseña. El 90% de los cineastas en paro dan clases.
VF: Mi caso es distinto.
JT: Ella no dio clases cuando se acabó un ciclo profesional. Lo hizo al mismo tiempo que empezaba su carrera.
VF: No lo decidí. Me llamaron y se creó la especialidad de televisión. Me encanta ver lo que escriben otros. Cuando alguno no trabaja, me desanimo, pero me encantan sus ideas nuevas.

¿Aprende un maestro de sus alumnos?

JT:
Yo aprendo más de ellos que ellos de mí. Me mantiene vivo.
VF: A veces hacen series que no vería nunca (risas), pero me abren puertas.
JT: Año tras año tengo la misma curiosidad. Aunque puede pasar al revés: alguien que dé clases sin interés, a disgusto, por dinero, prestigio, compromiso...
VF: Por no dejar el hueco… o porque dentro de unos años les venga bien.

¿Y a ti, Ángel, te gustaría enseñar?

A: No. Para ser profesor hay que tener un “algo” especial. No le sabría trasmitir ilusión a los que empiezan. Es una responsabilidad enorme y les admiro.

¿Es una responsabilidad?

JT:
Sí, porque la palabra maestro implica magisterio.
VF: Le debo mucho a la escuela y es una manera de pagarlo. Me gustaría ver a un alumno mío enseñando guiones de televisión. Alguien tiene que seguir la cadena.

Presas, escrita por Verónica Fernández e Ignacio del Moral se representa en el Teatro Valle Inclán del 22 de noviembre al 30 de diciembre.


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Por David Bernal
Foto: Mariona Villavieja
Revista 77 (15/09/2007 a 15/10/2007)


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