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La cama del asociacionismo
“Los últimos datos del INE nos hablan de casi 250.000 asociaciones en España”
Marx también creía en las asociaciones
El Marx del siglo XX no creía en las asociaciones: "Jamás entraría en un club que me aceptara como socio" dijo el más escéptico de los Marx, Groucho. Sin embargo, la desconfianza de esta frase se evapora con el primer capítulo de Camas (G. Marx, 1930). "Ensayo sobre las ventajas de dormir solo" sólo ofrece una nota del editor: el autor decidió dejar en blanco este capítulo. Vale este par de márxismas, tan absurdas como elocuentes, para hincar el diente en el tuétano asociativo. ¿Por qué pago la cuota de una asociación que no sabe quién soy? ¿Hay cóctel de bienvenida?
Volvamos a la realidad. Las estadísticas nos hablan de crecimiento en el asociacionismo español. Da igual que nos encamemos por el vínculo de ideas u objetivos afines que ya no son competencia del Estado, que nos arrejuntemos para reafirmar nuestra posición en el mundo o que lo hagamos para pagar a escote por nuestro intereses. Nos asociamos a toda vela. Los últimos datos del INE nos hablan de un total acumulado de casi 250.000 asociaciones españolas inscritas en el 2001. Una década antes no había ni la mitad de agrupaciones en activo y, sin embargo, en 1975 teníamos cerca de 190.000 asociaciones. ¿Razones?
En una simplificación irritante podríamos decir que el ciudadano dejó la representación de sus intereses en manos de los partidos políticos y de la Administración (para luego desencantarse). Con todo, los primeros años de la transición hicieron posible el movimiento asociativo. El artículo 22 de la Constitución de 1978 reconoce, al fin, el derecho de asociación en nuestro país.
Sin embargo, el movimiento asociativo español de los 90 no es original. Está en la corriente de la denominada "revolución asociativa mundial" o del crecimiento del Tercer Sector o Sector No Lucrativo (Nonprofit Sector), como se empeñan en llamarlo algunos optimistas.
Debemos recordar que unas de las características esenciales de estas asociaciones es que, en teoría, no generan beneficios. De cualquier modo, las cifras que manejan son mareantes. Según un estudio comparativo de la Universidad Johns Hopkins (1999), los gastos de las asociaciones situarían al Tercer Sector como la octava mayor economía del mundo (sólo con datos de 22 países). Todo un poder fáctico. O claramente delimitado, como ocurre en los EEUU, donde el lobby se presenta como un instrumento de la sociedad civil que, mediante la financiación de campañas electorales, entre otras cosas, influye en los partidos políticos.
La cosa está clara: El ciudadano quiere compartir la cama para que alguien atienda sus intereses. El asociacionismo está de enhorabuena. Gran Groucho, sociología de pijama.
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1
Por Gabriel Guillén
Foto:
Revista 43 (15/04/2004 a 15/05/2004)
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