[ Noticias y Destacados ]



[ Revista y Sumarios ]


Ya en la calle el número 88.  más  info 

[ Otros Enlaces ]
[ Inicio - Revista . Primer Plano ]
La Celestina

La Celestina

“El amor es como D. Quijote, cuando recupera el juicio es para morir”. Benavente

Malas artes del amor

“En mi vida vi semejante loco. ¡Confunde una aldeana hombruna con una beldad! Percibo la desafortunada coyuntura: o mi hacienda incrementar o al menos mi tiempo no perder”, musitó para sí La Celestina. “Al punto le responderé, pero antes dígame, pues maravillada me tiene la liberalidad que a usted le dispensa el alcalde desta plaza, que alojado le tiene sin pecunio recibir a cambio”.

“En libro alguno de caballería leí que debiera el caballero llevar moneda”, espetó Don Quijote. “En mala hora me metí yo en negocio tan ruinoso, ya que ni mi edad ni mi experiencia me han librado de él, sírvanme para salir sin exceso de daño”, pensó para sí la vieja. “Pues cuénteme, cuál es su penar”.

“Mi escudero Sancho no tuvo suficiente industria para que Dulcinea del Toboso, señora mía y dueña de todo el Universo accediera a que una carta por mí escrita le fuera leída, que incluso rompió en jirones antes que ver una letra sola”.

“Quizá de su amor no sea merecedora”, vaticinó la vieja.

“Por necia y osada probarás la fuerza de mi lanza, pues nadie ha nacido para contar una afrenta a mi señora”, respondió iracundo Don Quijote, por lo que la astuta vieja viró a una nueva táctica. “Es amor dulce lo que experimentáis mi señor”. “Bien sé, adujo el hidalgo, que en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados”. “Mas no se retraiga ni se amargue mi señor, -interrumpió La Celestina- que la natura huye de lo triste y gusta de lo delectable. No obstante no hay cosa más propia del que ama sino la impaciencia por ello le ofrezco mi experiencia y mis conjuros, que con esta rueca yo seré capaz de torcer su voluntad”. “Tanta sea tu fama como tu desvergüenza” le reprochó Don Quijote “pues incapaz eres de comprender la naturaleza pura de mi señora Dulcinea”.

“No hay cirujano que a la primera cura juzgue la herida” dijo defendiéndose la vieja. “Y con hechizos de rueca la quieres a mí atraer, anciana imprudente”clamó el hidalgo desencajado y malhumorado.

“Don Quijote mi Señor: pocas vírgenes hay en la ciudad que hayan abierto tienda y que no haya sido yo corredora de su primer hilado. Aunque esté brava no es esta la primera a quien le haya hecho perder su cacarear. Cosquillosas son todas, mas una vez consienten la silla en el envés del lomo cautívanse del primer abrazo, hácense siervas de quien eran señoras, dejan el mando y son mandadas”.

“No hay reloj con suficiente arena en este mundo, que en ese tiempo pudiéredes comprender la naturaleza de mi pasión por Dulcinea. No es mi princesa quien debe sometérseme sino yo a ella. Oh, bella ingrata, si gustares de socorrerme tuyo soy; si no, haz lo que te viniere en gusto”.

“Lo dije y lo repito, jamás vi tan grande loco”, ladró la Celestina.Vivan los locos que inventaron el amor” sentenció el Quijote.

ir a página: 1

Por Luis Pérez Gil
Foto:
Revista 51 (15/02/2005 a 15/03/2005)


[ Tienda El Duende ]
[ En esta entrega ]
[ Comentarios ]

[ Más Duende ]
[ Otros Duende ]
Premios Anuaria
Aeepp