¿Cómo ve el estado de la crítica de arte en España en la actualidad?
La crítica, aquélla que está asociada al pensamiento, en España sufre un proceso de orfandad, como describimos en La Generación de la Democracia. Faltan referentes y una base de investigación sólida, que crece en relación a los estudios de Estética, para mi gusto. Sin embargo, aún nos queda tiempo para que los referentes más importantes en castellano, por ejemplo: Lezama, Sarduy, Carpentier, sean valorados en la creación de un modo propio de pensar en relación y con el apoyo de obras, haciendo lecturas creativas de las mismas. Esto es lo que debería ser la base de la critica, antes incluso que el comentario o la puesta en situación de los objetos
¿Y la creación artística en España? ¿Hay una nueva generación consolidada?
Parece que, por definición, todas las generaciones son nuevas. Otro asunto sería si es la novedad lo más interesante para definir los trabajos. La belleza es difícil, escribía Ezra Pound, por boca de Beardsley, lo mismo podríamos decir de la novedad, demasiadas veces invocada en falso a lo largo del discurso (de lo) moderno. Estrictamente, algo novedoso supone, antes que nada, una provocación, provocar problemas. Una novedad es como un arrojar cosas ante las que no se sabe muy bien cómo reaccionar, qué hacer con ellas; es un modo de provocar a contenidos perceptivos para que reaccionen y detecten posiciones sensacionales inéditas en nuestro entorno. Juzgue usted mismo si podemos decir que aquí, ahora, sucede algo nuevo. Por otro lado, lo cierto es que la velocidad de los cambios sociales y tecnológicos hace del momento presente un hervidero fecundo de propuestas, aún en transición, como las mismas técnicas, dentro de criterios formales. Son ellos los que abren un tiempo nuevo, no los artistas. Además, por otro lado, el pensamiento alrededor de la representación, o las poéticas, por contra, son atemporales, por lo que el criterio de generación como renovación periódica no le conviene, sino el de actualización crítica y apasionada de la forma de ver y recrear el mundo.
¿Qué artistas o vías artísticas son los que más le interesan a día de hoy?
Trabajamos actualmente en El Paso del Noroeste, un proceso de creación colectiva a través de un grupo de investigación en el que se unen artistas, pensadores, músicos que trabajan de forma anónima en productos colectivos, que a través de los multimedia, pueden tener una forma común. El trabajo en grupo, sin la inflación de la identidad y subjetividad que provocan las instituciones, no sólo el mercado, sino la academia o la universidad, es una forma muy fecunda de compartir espacio que crece de modo natural, orgánico.
¿A dónde cree que ha llegado la corriente conceptual?
Pienso en Walter Marchetti, una de las ramas más interesantes del Zaj en España, y en el olvido en que las instituciones españolas le mantienen, sabiendo que su vitalidad e incluso fuerza anarquizante no sólo está intacta, sino en desarrollo, y es un homenaje considerar que sus propuestas siguen muy vivas, como también lo están en Valcarcel Medina, Nacho Criado o los Torreznos, por citar sólo algunos.
¿Cómo valora el resurgir de la pintura y el dibujo de lo real?
No sé qué es “lo real”. Me gusta recordar aquello que Matisse decía respecto del dibujo: que era la memoria de un ademán del cuerpo. La pintura o el dibujo pueden ser eso: recuerdos o imágenes que resumen una estructura de orden espacio temporal, son radiografías de las fuerzas de construcción de la obra, al tiempo que o desde el cuerpo mismo. En ese sentido, habría que relacionar todo esto con los dispositivos desmemoriantes, equívocos (en el sentido etimológico también), multifocales y protésicos de la tecnología en la imagen contemporánea.
¿Qué piensa de las no tan nuevas formas artísticas como el arte urbano (graffiti, stickers, intervenciones, arte público), el videoarte o los new media?
Creo que la definición de lo que deba ser el arte está cada vez más alejada de campos específicos. Uno de los últimos trabajos del Paso del Noroeste se llama, precisamente, transterritoriales, o el modo en que artistas fuera de su género producen variaciones fecundas e inesperadas en otro, por ejemplo...Beckett haciendo cine, o Michaux pintando a la acuarela. EL problema de los géneros y su formalidad es que sustituyan la intensidad de nuestra experiencia directa, que siempre se produce sinestésicamente. Los géneros y formas crean una redundancia excesiva, demasiados tics, excesivas marcas y marcajes, que pueden llegar a convertirse en procedimientos antes que en miradas críticas sobre lo que hay.