Hay una revista, que se llama “Letras de Cine”, en la que se está hablando con mucha propiedad de un nuevo modelo de cine de autor que no tiene que ver con la era del celuloide y que es un tipo de autor de la era del digital, lo que yo llamo la “generación emule”. Creo que es necesario que se incorporen estas nuevas voces. Estamos en un momento de cambio en la propia industria del cine y del cine como lenguaje. Es un momento interesante para ser crítico porque no es inmóvil: el paisaje del cine esta cambiando y no se va a parecer en nada a la memoria que tenemos del cine en el S.XX.
Eres famoso por teorizar obras y tendencias. ¿Crees que a la crítica le falta teorización y le sobra opinión?
Me pone muy nervioso de los festivales de cine que al salir alguien te pida la opinión. Hay gente que es capaz de decirla en una frase: “espantosa” o “prodigiosa”. A mí me gusta pensar durante un tiempo en la película. A veces a la mañana siguiente la película ha crecido o ha empequeñecido dentro de ti. Me gusta teorizar y analizar un poquillo. Del mismo modo, poner estrellitas me parece muy injusto. Para mí tres estrellas pueden significar muchas cosas: puede ser una decepción o una esperanza.
Fenómeno críticos-estrellas-mediáticas (tu caso en Cuatroesfera). ¿Por qué surge?
Es evidente que te pagan más por aparecer en un programa de televisión que por escribir un folio. El crítico no tiene que convertirse en un gurú intocable. Creo que está bien el no tomarte demasiado en serio a ti mismo.
¿Eres más indulgente con algún tipo de cine o directores?
Si eres más educado con el cine español, es por una cuestión de supervivencia, porque te puedes encontrar por la calle con determinado director. No deberíamos ser condescendientes con ningún tipo de director porque es alguien que te roba dos horas de tu tiempo. Con el cine español ocurre una cosa. Y es que es terrible conocer a las personas, porque conoces el lado humano y eres consciente del trabajo y la ilusión que hay detrás. Un crítico debería se runa persona que estuviera siempre a salvo de la posibilidad de entrar en contacto físico con algún director de cine. Conocer a las personas a veces te impide ser un justo ejecutor del análisis. Tienes que analizar dejando de lado que haya mucha ilusión o poca. La única verdad es la que está en la pantalla.
¿Se ve con buenos ojos que un compañero se pase al otro lado?
Es algo que ha existido desde siempre. Truffaut y Bogdanovich habían sido críticos antes de ser cineastas. Con el paso del tiempo se les recuerda más como cineastas. En el caso de Daniel Monzón me produce entusiasmo que un crítico haya podido pasar al otro lado y hacerlo tan bien. Lo veo más como un triunfo que como una traición. También existe la figura del crítico –como yo mismo- que jamás pasará al otro lado, porque creo que no tengo talento para eso. Creo que si tengo talento como crítico no es porque pudiera dirigir una película mejor que los directores que las hacen mal, sino porque tengo vocación de espectador. Cuando Daniel Monzón, Truffaut, Bogdanovich, Godard o Tavernier eran críticos de cine en el fondo ya eran directores en un estado embrionario. Te aseguro que nunca en la vida verás una película o un corto dirigido por mí, porque sé que no tengo talento para eso. Sí me gustaría que alguien dijera de mí que soy un buen espectador.
¿Tiene prestigio social ser crítico de cine?
No genera ninguna fascinación. Al crítico se le ve siempre como un ente bastante ridículo y ridiculizable. Un poco Jay Sherman, de la serie de animación del crítico. La imagen que está en el inconsciente colectivo es esa: tío bajito, cascarrabias, con graves problemas de relación con el mundo y consigo mismo. Ese es el arquetipo. Y, por supuesto, tiene mucho menos prestigio social que ser futbolista, cantante. O incluso gigoló.
Hay algo que quiero reivindicar, y es que un crítico de cine es como un fontanero: su tiempo vale dinero. No llames a un crítico para hacer de crítico, considerando que se lo va a pasar de puta madre, para no pagarle. Llámale para ir de copas o invitarle a un café. Eso existe mucho dentro de la profesión.