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S. Keïta, M. Sidibé y Ricardo Rangel.

MEMORIAS DE ÁFRICA

Más que mil palabras

Las fotografías de Kiarostami reflejan el cambio de las estaciones en Irán Y se podrÍan confundir con fotogramas extraídos de alguna de sus peliculas

En 1840 tras la introducción de las primeras cámaras de fotos en el oeste africano surgieron los primeros estudios y fotógrafos profesionales. Instruidos por misioneros católicos y oficiales coloniales los senegaleses Mama Casset y Meissa Gaye o el togolés Alex A. Acolaste se convirtieron en pioneros en una forma de hacer que crearía escuela. Sus negativos muestran a mujeres engalanadas con exóticos peinados y joyas que realzan sus alargados y estilizados dedos, un canon de belleza en el oeste africano. Posteriormente la influencia del movimiento de la Negritud, impulsado por intelectuales como el antillano Aimée Césaire o el senegalés Léopold Sédar Senghor, supuso un ensalzamiento del culto a la raza y al cuerpo que también encontró su eco en el mundo de la fotografía.

En las décadas de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo brillarían dos fotógrafos malienses: Seydou Keïta y Malick Sidibé. Sus instantáneas recogen el espíritu de los cambios provocados por la independencia, el advenimiento del twist y el cha-cha-chá en los clubs de Bamako, y el afán lúdico de una generación empeñada en divertirse antes que en consumirse con preocupaciones. Sidibé fue el receptor del Premio Internacional de Fotografía 2003 concedido por la fundación sueca Hasselblad a fotógrafos de la talla de Cindy Sherman o Richard Avedon. Algunas de sus glamourosas fotos se han convertido en portadas de disco de los recopilatorios Golden Africa (Network Media / Ring Ring).

En sus retratos resulta crucial la utilización de trajes con corbata, flores de plástico o aparatos de radio. Una parafernalia importada de ultramar para capturar momentos de ensueño. Algo que se refleja en todos los estudios africanos de fotografía, como los portentosos decorados naif del fotógrafo ghanés Philip Kwame Apayga. En sus fondos se dan cita rascacielos neoyorquinos o sirvientes reales que sostienen una sombrilla sobre el retratado. Una forma de trascender y ocupar un lugar onírico en un mundo anclado a las penalidades. En el lado opuesto de la ensoñación se encuentra el ojo crítico del sudafricano Pieter Hugo, que en su serie Albinos denuncia la discriminación de estos seres condenados a la ignominia o incluso a la muerte. El entronamiento de la mujer como principio de vida y ser sensual encuentra su mejor aliado en la obra de la fotógrafa camerunesa Angèle Etoundi Essamba. Su predilección por el blanco y negro y la capacidad para sugerir con símbolos eróticos contrasta con la dureza del mozambiqueño Ricardo Rangel, que recrea con sobriedad y descarno el Africa industrial y portuaria y el submundo de la prostitución.

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Por Miguel Ángel Sánchez Gárate
Foto: S. Keïta, M. Sidibé y Ricardo Rangel.
Revista 65 (15/06/2006 a 15/08/2006)


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