Cualquiera puede hacerlo. Es un juego sencillo, como el del escondite,
aunque en este poema todo ocurre con los ojos abiertos. La metodología:
uno, dos, tres. Esconded vuestras manos
el uno frente al otro. Si eliges el papel, envolverás
la piedra; si eliges la tijera, podrás cortar al otro.
La piedra, por su parte, romperá la tijera —esto no pasa nunca: a todos les parece
demasiado evidente—. Si coincidís, el juego se reanudará. Ganar o perder
es otro asunto. Puede hacerlo cualquiera.