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Prestar tu palabra a otro
“Los traductores son pilares fundamentales para transmitir la cultura”
La traducción no es traición
A veces ese filtro no puede ser totalmente cristalino porque, como si se tratase de un cedazo, no deja pasar alguna de las palabras del texto, y, a veces, alguna de las ideas. Por eso muchos han hablado del traductor como de un traidor, usando una etimología imposible, pero la realidad es que son pilares fundamentales para transmitir la cultura. De no ser por el Islam habríamos perdido muchos de los textos grecolatinos, que se transmitieron a través de las traducciones árabes, y en Toledo radicó Alfonso X la Escuela de traductores, una de las instituciones fundamentales en la cultura de la Edad Media.
Pero no es necesario remontarse tras atrás en el tiempo para encontrar ejemplos fehacientes de la importancia de la traducción. Hoy las editoriales, con una seriedad filológica y crítica que merece elogio, se han lanzado a encargar traducciones definitivas de muchos autores fundamentales para la cultura. Casi toda la literatura rusa estaba traducida desde el francés en vez del ruso, por ejemplo, o había sido pasto de la censura del régimen franquista. Traducciones como la que Lydia Kúper ha realizado de Guerra y paz eran necesidades acuciantes.
Pero, si había un autor al que urgía traducir de modo definitivo, ése era Proust. Su obra magna, En busca del tiempo perdido sólo había sido publicada al completo por la editorial Alianza, contando con la traducción en los dos primeros volúmenes de Pedro Salinas y de Consuelo Berges en un tercero. Pero el resto de la obra se veía perjudicada por el baile de traductores y el haber trabajado sobre un texto no fijado críticamente. Si se tratase de uno de esos autores de baratillo que se agolpan en los estantes de las librerías no habría problema, pero se trata de la bisagra entre la novela decimonónica y la novela del siglo pasado y, además, Proust es el gran exponente de una veta cada vez más estudiada y fascinante: la literatura del yo.
Por eso la noticia de que uno de los mejores traductores de la lengua francesa que tenemos, Mauro Armiño se iba a poner manos a la obra fue una gran noticia, y a medida que han aparecido los dos primeros volúmenes de la traducción, y a la espera de un tercero ya acabado que está en prensa para aparecer a comienzos del años que viene -publicados todos en Valdemar- se ha confirmado el buen presagio.
No sólo se trata de una edición aún más completa que la edición crítica francesa, cuyo texto ya fijado ha sido el traducido, por tener índices de los que la edición gala carece, sino que se ha convertido en un proyecto único, en el que Armiño, plenamente identificado ya con Proust, planea traducir toda la obra, siete mil páginas, del autor. De momento se ha convertido en la primera persona en todo el mundo que ha traducido En busca del tiempo perdido al completo.
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1
Por Antonio Jiménez Morato
Foto: Pilar Jiménez
Revista 48 (15/11/2004 a 15/12/2004)
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