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Isabel Muñoz

Recreando la verdad

“El blanco y negro es misterioso, te aleja del contacto directo”

Entrevista a Isabel Muñoz

La muerte fotografiada de un miliciano (Robert Capa, 1936) sirvió para que el mundo conociera la dura realidad de una guerra civil. Con aquellos dos disparos simultáneos, la fotografía asumió por primera vez un papel que, hoy, le parece congénito: mostrar y denunciar las condiciones extremas de las gentes olvidadas.

España fue, a su pesar, centro de experimentación para la fotografía documental. En la actualidad, son muchos los fotógrafos de nuestro país que buscan rescatar de la invisibilidad a otros pueblos, otros conflictos, otros modos de vivir: Gervasio Sánchez en Yugoslavia, Marta Sentís junto a los refugiados africanos o Cristina García-Rodero con las tribus haitianas.

Isabel Muñoz ha contado mil y una historias a través de sus fotografías: la de los bailarines de flamenco y tango, la de los luchadores turcos, la del pueblo surma de Etiopía, la de los monjes asiáticos, la de las mujeres iraníes, la de los mutilados en los combates camboyanos. Todas están unidas por la plasticidad y por una sensibilidad particular que le permite reflejar la esperanza que descubre por todas partes, incluso "en aquel hospital de enfermos de sida en Camboya".

En el año 2000 recibió el premio de la World Press Photo dentro de la categoría de reportaje de artes. Pero Isabel Muñoz no se siente una reportera, porque "en los foto-reportajes se ve todo, son imágenes cerradas, no hay lugar para la sugerencia, para que el espectador se integre en ese universo".

Sus fotografías, por el contrario, expresan más de lo que aparentan: "En la serie que dediqué a la capoeria, esos cuerpos en movimiento estaban relatando el sacrificio de un pueblo: el de los esclavos que hacían creer a sus amos que bailaban cuando, se estaban ejercitando para vencer a sus opresores".

Durante sus viajes, ha descubierto las limitaciones y ventajas de ser mujer y fotógrafa: "En Irán, de ser hombre, no hubiera podido retratar el intenso universo femenino del país". En otras ocasiones resulta un obstáculo, como "en Japón, cuando me prohibieron el acceso a las salas de entrenamiento de los sumistas". Y, sin embargo, en Turquía, no tuvo problemas para fotografiar a los luchadores: "Soy una persona curiosa, me interesan esos mundos de hombres a los que sólo tengo acceso cuando llevo una cámara".

El documentalismo, asociado a la instantánea y la autenticidad, se transforma en las manos de Isabel en algo diferente. Su manera particular de hablar de la sensualidad, el sexo o la libertad pasan por la reconstrucción de la escena: "Me gusta componer, aunque en el fondo soy muy caótica; pero eso que compongo es, en sí, una realidad."

Así consigue crear imágenes universales que permanecen en cada memoria con una fuerza especial, potenciada por el uso de las luces y sombras: "El blanco y negro es misterioso, te aleja del contacto directo". La realidad sigue a la vuelta de cualquier camino, esperando ser fotografiada

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Por Emma Brasó
Foto: David López
Revista 42 (15/03/2004 a 15/04/2004)


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Por quino:
Las fotos de Isabel hace que seamos mejores personas
2006-06-19 14:51:29

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