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El Mundo al Revés

Un grupo de músicos y aficionados inquietos forjaron la leyenda de géneros tan exóticos como el Ethio-jazz, el Swining Addis, o el Addis-pop.

Es curiosa la capacidad que tiene la música para sorprender. Casos como el abisinio no hacen una regla que se pueda aplicar al resto de los países subdesarrollados; y es que ni mucho menos, en otro país del mundo la influencia del groove y el swing americano caló tanto entre un público y músicos ávidos por escuchar más; más y mejor, otra cosa que no fuera la música tradicional.

Durante la época dorada que vivió Etiopía durante el gobierno de Haile Sellassie, el dictador que instauró el comunismo en el país, un grupo de músicos y aficionados inquietos forjaron la leyenda de géneros tan exóticos como el Ethio-jazz, el Swining Addis, o el Addis-pop. Todos ellos, estilos que encontraron su inspiración en la tradición anglosajona, en la emisiones que Radio Liberty emitía desde el Mundo libre a toda la franja que formaba el telón de acero. Gente como Amha Hésete, fundador de Amha Records, o Mahmoud Ahmed, todavía en activo y auténtico vinculo entre el pasado y el presente, dedicaron todos sus esfuerzos en consolidar la música en un país que siempre ha consumido cultura.

Lo más gracioso del asunto es observar el proceso que siguieron los músicos que forman parte del universo Éthiopiques. Así como siempre se ha dicho que la herencia africana fue el principal motor de arranque del blues, del jazz, incluso del funk, y todos los estilos colindantes con el groove, el ethio-jazz y sus derivados pop recogieron la herencia puramente americana. El legado del free-jazz de Albert Ayler –siempre con un pie puesto en la World music-, el del funk y el soul de baile de la Motown, y el groove tardío de Funkadelic, abrieron los ojos a toda una generación apegada a las tradiciones. Precisamente éste es el elemento diferenciador de Éthiopiques: asumieron el legado del pasado y lo entrelazaron magistralmente con el de un presente que se movía a ritmo de jazz, que tenía groove.

Mulatu Astatqé, otro de los grandes nombres de la época, construyó el discurso del Ethio-jazz aplicando al lenguaje etíope el jazz americano. El resultado fue que los pasajes vocales desparecieron, cosa que provocó que, de entrada, no fuese aceptado. Debido a la educación europea de Astatqé, solía trabajar con instrumentos que lideran la melodía, algo que nunca antes se había planteado nadie en Etiopía. En éste coche inconciente de culturas y formas de hacer nació el ethio-jazz, recopilado magníficamente en Éthiopiques Vol.4. A diferencia del swing egipcio y el jazz que se practicó en Sudán, en Etiopía los estilos más tradicionales fueron a parar hasta el pop y el groove. Al fin y al cabo, ésa es una actitud que detona ganas de romper con todo, que muestra que puede existir el punk en cualquier cultura. Grupos como los anarcopunks The Ex, de Holanda, lo tienen tan claro que hace unos giraron por tierras etíopes con un éxito avasallador.

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Por Jaime Casas
Foto: Nuria Cuesta
Revista 61 (15/02/2006 a 15/03/2006)


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