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Rodrigo Garcia: autor, escenógrafo, videoartista y director teatral

Rodrigo Garcia

El arte de provocar

Crudo teatro

Como autor, escenógrafo, videoartista y director teatral, Rodrigo García se esfuerza con La Carnicería Teatro por “disparar poesía contra una sociedad falta de poesía. Una sociedad cada vez más ‘útil’, más precisa, que tiene las cosas demasiado claras, porque se hace muy pocas preguntas. Cuando hablo de poesía, no hablo de una belleza estándar. Me refiero a zonas de misterio, a momentos sugerentes, a ideas contradictorias, a todo lo que nos produzca... inestabilidad.

Gracias a esa voluntad firme la compañía se ha granjeado un público acomodado, bastante culto, incluso en el extranjero: Ya no somos una compañía alternativa. Giramos desde hace años por grandes festivales y teatros de todo el mundo. Tal vez siempre nos llamarán alternativos en España, que desprecia lo que no es conservador. A pesar de este relativo éxito Rodrigo García afirma que desconfío mucho del público, de la sociedad de que formo parte. Por eso llevo casi dos años sin hacer creaciones nuevas. Lo único positivo o esperanzador es que al menos ocupamos un lugar. Un lugar que podría estar ocupado por otra clase de teatro: por un musical o por una comedia mala. Es una zona de resistencia.

Y si respecto al público tiene sus dudas, con las administraciones públicas su enfrentamiento es directo. Las ayudas del Estado son auténticas limosnas. Le invito a usted a que salga a Francia o Alemania. Y no es una cuestión de medios ni de dinero. Es un problema de voluntad política. España sigue siendo un desierto.

De las palabras se desprende, como de sus espectáculos, una cierta hostilidad, una mirada en ocasiones agresiva hacia la realidad. Él no lo niega, pero revela que detrás de ello hay una propuesta: Si enseño eso, hay una posibilidad de mirarse en el espejo y cambiar. El motor del cambio está en el espectador turbado por la experiencia de la obra, no por el dedo acusador de García, para el que la denuncia es algo demasiado moralista. No debería existir en una obra de arte. Yo no me libro de esto, no puedo dejar mi lado moralista. Al menos lo disfrazo todo lo que puedo, llenando las obras de contradicciones y lugares ambiguos.

Tal vez sean esos espacios que el espectador ha de completar una de las singulares características de sus espectáculos. Él mismo se sacude la etiqueta de vanguardia diciendo que las etiquetas son a posteriori. Las ponen otros. Mi trabajo no es experimental ni provocador, es simplemente necesario. Necesito expresarme de esa manera. Él prefiere hablar de su trabajo en el sentido de que explora todo el “edificio teatral” y busca nuevas posibilidades expresivas. Muchas veces un planteamiento escénico por inusual puede ser más atractivo, lo digo en términos de atraer la atención, para iniciar un diálogo. Pero también puede generar rechazo y desconcierto. En definitiva, me esfuerzo en una dramaturgia contemporánea que, por próxima, debería comunicar mejor que un clásico.

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Por Mario Cuesta
Foto:
Revista 63 (15/04/2006 a 15/05/2006)


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