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El Mundo al Revés
Aviva no sólo tiene un nombre hebreo, es regordeta y acomplejada. Su nombre también es un palíndromo, una palabra que se lee igual en los dos sentidos.
Aviva no sólo tiene un nombre hebreo, es regordeta y acomplejada. Su nombre también es un palíndromo, una palabra que se lee igual en los dos sentidos. A partir de aquí, Solonz hace su película más anticonvencional hasta la fecha, y eso que su cine jamás ha destacado por seguir las normas. Lo cual no quita que se den muchas constantes que lo convierten en un cineasta con un sello identificable: de nuevo tenemos a la adolescente conflictiva y torturada (como en“Bienvenidos a la casa de muñecas) sometida a un entorno enfermizo en el que los personajes, por decirlo de alguna manera, son el estereotipo opuesto a lo que uno encuentra en la publicidad. Muchas veces me han preguntado por qué hago películas protagonizadas por gente tan fea, explicaba Solonz en el pasado Festival de Gijón, en el que se le rindió un homenaje, pero la cuestión es que a mí no me parecen horrorosos. Al contrario.
De lo que no cabe duda es de que el propio Solonz parece uno de los peculiares caracteres que refleja en su obra. Bajito, con una incipiente joroba y unas gafas de pasta de tres metros, este judío norteamericano nos ofrece un punto de vista freak. Una etiqueta que tiene tanto de arrogante como de poco verosímil si tenemos en cuenta que en el mundo hay más gente poco agraciada físicamente y con vidas escasamente glamourosas que dechados de beldad.
En cualquier caso, Solonz no sólo se ha propuesto subvertir con la rareza de sus personajes, también con piruetas delirantes como que el rol protagonista corre a cargo de hasta ¡ocho actrices distintas!: Quería reflexionar sobre la identidad. Era un reto que me apetecía desde hace tiempo y se corresponde con la visión que tengo de que tenemos múltiples roles en nuestra vida. En un momento podemos ser el marginado y al siguiente formar parte de una elite que otros desean. Del mismo modo que podemos ser aceptados y nos sentimos bellos o rechazados, y entonces afloran los complejos.
De esta manera, nos encontramos con que Aviva adopta el aspecto de una negra obesa, una chica de cintura estrecha o una pelirroja entrada en carnes. Pero aunque su apariencia externa vaya transformándose, eso sólo vendría a confirmar, el otro eje sobre el que gira la trama: las personas nunca cambiamos en nuestra esencia más íntima. Es contradictorio porque aparentemente siempre estamos sufriendo metamorfosis. Engordamos o adelgazamos, crecemos y maduramos, pero nunca dejamos de ser los mismos. En este sentido, Solonz se declara determinista. No es la única sorpresa de un filme que también pone en solfa los prejuicios izquierdistas al uso. Así, nos encontramos con un planteamiento riguroso y contracorriente sobre el aborto, cuya moralidad se cuestiona a través de la madre de la protagonista, que interrumpió su embarazo para no perderse un concierto de N’Sync. Me fastidian todos los discursos que parten de su propia superioridad. La gente progresista no es inmune a muchas de las trampas de la derecha. La principal, la arrogancia.
“Palíndromos” se estrena en 2006.
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1
Por Juan Sardá
Foto: Nuria Cuesta
Revista 61 (15/02/2006 a 15/03/2006)
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