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Vencedores y vencidos

Vencedores y vencidos

Primer Plano

Villanos en la frontera

En febrero de 1983 apareció en los quioscos Ruleta, la última de las historias que escribió Frank Miller en su primera etapa en Daredevil. En ella el héroe ponía en duda su condición como tal, señalando la delgada barrera que separa a un héroe de un villano.

Lejos de ser un hecho puntual, la realidad es que los momentos más interesantes del cómic de superhéroes, han surgido de allí. El propio Miller, en El regreso del caballero oscuro situaba al hombre murciélago en el campo del mal, por lo que Superman, el superhéroe del gobierno, tenía que ir a pararle los pies. Y Alan Moore, en la mítica serie Watchmen construye todos los personajes sobre esa dualidad, desde el Comediante y Rorschach hasta el héroe que utiliza métodos de villano para lograr el bien: Ozymandias.

Todo esto nos viene a confirmar un hecho muy sencillo: la diferencia entre un héroe y si némesis estriba en que es el vencedor, el héroe, el que escribe la Historia -sí, nos vemos obligados a tirar de mayúscula-. ¿Cómo sería el mundo si los malos hubiesen ganado? Parece un número más de la colección “What if?”, pero la respuesta es que no muy distinto que aquel en el que nos movemos.

Y si no, miren a su alrededor. La política estadounidense se ha entregado alegremente a una retórica de tebeo de superhéroes para vender la realidad: Bush se enfrenta el Eje del Mal, una coalición de supervillanos conformada por Sadam Hussein, Kim Jong Il y Osama Bin Laden que pretenden oprimir a la población mundial. Lo curioso es que esa misma retórica se utiliza, calcada, en la otra mitad del mundo, y Al Yazira ofrece una coalición opresora de supervillanos formada por Bush Jr, Tony Blair, Aznar y Durao Barroso. Cada uno puede escoger su bando.

El vencedor de cada enfrentamiento impondrá su visión a los historiadores del futuro. Otros, los que cuestionen esa visión única, recibirán adjetivos como el de negacionistas o revisionistas, a elección.

Tampoco es cuestión de echarse las manos a la cabeza, es algo que se ha producido siempre a lo largo de la Historia –sí, me pongo espléndido de nuevo-. Los nazis y sus campos de exterminio han quedado como símbolo máximo del horror, mientras que los hongos atómicos de Hiroshima y Nagasaki o los sádicos bombardeos de Dresde son, todavía, exaltados por asociaciones subvencionadas por los estados vencedores de la Segunda Guerra Mundial. La guerra de Secesión norteamericana: tan sólo un ingenuo se cree la historia de un conflicto provocado por la abolición de la esclavitud, cuando en realidad todo se originó porque los estados de la Unión querían apostar por una industrialización y capitalismo voraz frente al seudofeudalismo y proteccionismo de la Confederación, y la guerra la empezaron los del norte, conviene no olvidarlo. ¿Alguien cree que Catilina, que contó con el apoyo masivo de los plebeyos romanos, era tan malo como lo pintó Cicerón?

Quizá por eso resulten tan enigmáticas e interesantes figuras como Magneto, que pasa del bando del bien al del mal continuamente, obedeciendo a sus necesidades de supervivencia y a su voluntad de medrar. ¿No es el mejor símbolo del político contemporáneo?


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Por Antonio Jiménez Morato
Foto:
Revista 84 (15/04/2008 a 15/05/2008)


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