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Don Quijote de la Mancha

¡Ojo!: Diógenes suelto

“A partir de ahora seré testigo y cronista de vuestras andanzas”

Filosofía quijotesca

Admirado Don Quijote, exclamó: ¡Válame Dios, Sancho!, quien así habla no merece servir a otros. Comprémoslo, pues se me antoja verdadera señal este raro encuentro.- ¿Quién eres?-preguntó Don Quijote después del trato.

- Soy Diógenes. Perro me llaman porque como de lo que me echan, duermo donde me apetece, yazgo con mujer allí donde me asalta el deseo, soy guardián de la filosofía, muestro afecto a los amigos y ladro a los enemigos.

- Cínico parece -replicó Sancho. - Razón tienes -dijo Don Quijote-, pero el principal. Sabio capaz de refutar a Platón. Sócrates furioso le dicen.

- Cierto - admitió Diógenes -. Y como aquel fatuo definió al hombre como bípedo implume, llevé gallo desplumado a la Academia y dije: he aquí el hombre de Platón. Sancho, que no entendía aquellas pláticas, inquirió a otros sobre éste.

- Amo, cuentan que es asiduo de burdeles.- También el sol visita letrinas y no se mancha -replicó el can.- Y que falsifica moneda.- De ahí mi destierro. Mas no por lucro. Sólo es rico quien se basta a sí mismo, y el inculto adinerado es borrego de doradas lanas. Demostrar quería cuán falso es un imperio cuyo sostén es materia tan frágil y corrompible.- Así será -terció Don Quijote-. Presentose un día Alejandro Magno, preguntó qué podía hacer por él y éste respondióle que apartarse, que le quitaba el sol.- Necio me parece -dijo Sancho-, buena ínsula pediría yo. - No me hace falta, pues todo es de los dioses. Los dioses son amigos de los sabios. Los bienes de los amigos son comunes. Así, todo es de los sabios. - Eso y más dice su Politeía -dijo D. Quijote-, con tan desaforadas y bien traídas razones que uno llegaba a creer lícito el canibalismo, el parricidio, la coyunda entre consanguíneos y la abolición de la propiedad. - Por favor, señor, ¿cómo van a ser lícitos tales disparates?- Ahí está la cosa, Sancho, esas necedades no buscan ser sensatas sino señalar con el sarcasmo al hipócrita, a quien finge ser virtuoso y es pecador, al cobarde que pasa por valiente, al mediocre que critica al que descuella. - Arduo trabajo ese, por tales señas casi toda la humanidad encaja -reconoció Sancho-. Pero lo de los consanguíneos paréceme gran pecado.- El incesto que tanto te alarma, es pecado mas no disparate. Ya Edipo yació con Yocasta, mostrando cuán peligrosamente cerca de nuestro ánimo andan tales turbaciones. - Perdóneme vuesa merced, yo no entiendo esos discursos, pero esa casta a mí no me lo parece. - Olvida eso, Sancho, que ahora nos toca liberar a Diógenes. Libre es quien así discurre.

El cínico, admirado de ver tan extraña y disímil pareja, respondió: - Parecéis locos, pues a lo que se ve, también vosotros salís del teatro cuando los demás entran. Os reconozco mis iguales. A partir de ahora seré testigo y cronista de vuestras andanzas. Confío que sean muchas, notables y de sustancioso alimento para mi curiosidad.

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Por Miquel Silvestre
Foto: Aurelio Lorenzo
Revista 52 (15/03/2005 a 15/04/2005)


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