Tras 22 ediciones, el Festival Madrid en Danza llega como agua, de abril en este caso, para los aficionados a la danza. Sin embargo, uno de sus objetivos declarados es precisamente dirigirse también a los no habituales con una programación basada en los principios de calidad y contemporaneidad.
Y de diversidad, puesto que aunque este festival se llame Madrid en Danza, en realidad, los bailes llegan de todos los sitios, tanto de España como del resto de Europa (Suiza, Holanda, Francia, Gran Bretaña, Suecia o Finlandia). En total, 30 espectáculos a cargo de 23 compañías, de los cuales al menos éstos son imprescindibles.
En el Teatro Albéniz tendrá lugar la Gala del Internacional de la Danza, en el que participarán Goyo Montero, Víctor Ullate, Altea Núñez, Maribel Gallardo y Lola Greco, entre otros. Además, acogerá tres grandes montajes: Heads or tales, del coreógrafo israelí Itsik Galili; Santo y Seña de la ya consagrada compañía flamenca Eva Yerbabuena; y De lado esquerdo de quem sobe, coreografía de la compañía brasileña Mimulus, inspirada de la samba y en los bailes de salón.
La danza neoclásica tendrá un país de referencia, Francia, y su propia “sede”, el Teatro Madrid. El primero en levantar el telón será el Ballet de la Ópera de Lyon con una pieza en la que con música de Thom Willems, los bailarines intentan luchar y afirmarse en un ambiente gigantesco que los amenaza. Por su parte, el Ballet Europa con coreografía de Jean Charles Gil, estrena en España, Schubert in Love, una inmersión en el universo del compositor austriaco, afectado desde muy temprano por la enfermedad y la ambigüedad entre el amor y el dolor.
Lo contemporáneo evidentemente tiene su lugar; y ese lugar es Cuarta Pared, con dos estrenos en Madrid, uno de la compañía suiza Linga y otro de los vascos Ertza, y otro estreno absoluto en toda España a cargo de Maga Producciones, presentando el montaje de danza-teatro, Belle. Y para los que quieran una danza contemporánea aún más atrevida, aunque posiblemente menos digerible a priori, pueden dirigirse a la sala Pradillo, que apuesta por los trabajos de dos compañías suecas: el de la coreógrafa sueca Virpi Pahkinen, probablemente la creadora de baile contemporáneo de más crédito en su país, una mujer de imagen y movimiento rompedor. Y el la compañía Jus de la Vie, con Lynn, una auténtica plataforma de danza y “teatro físico”, como ellos se autodenominan.
Por último hay que destacar la corta pero interesante programación del Teatro La Abadía con una creación colectiva de coreógrafos madrileños llamada Se ruega puntualidad y que se ha hecho de forma específica para esta vigésimo segunda edición del Festival.