El método Grönholm se estrenó simultáneamente en Madrid y Barcelona. Carnaval fue estrenada en Cataluña en 2006 y llega a Madrid dos años más tarde. ¿A qué se debe esta diferencia? Únicamente a las condiciones de producción. El doble estreno de El método… no estuvo nunca planeado, simplemente salió así por casualidad. En cuanto a Carnaval, lo mismo: hicimos el estreno hace dos años en el Teatro Romea de Barcelona, pero hasta ahora no habíamos encontrado ocasión de traerla.
Un medio catalán definió Carnaval como “el mal en estado puro”. ¿Qué diferencias, y qué coincidencias, hay entre esta obra y El método…?
La más importante, que abordan géneros distintos. El método… era una comedia negra, y Carnaval un thriller; siempre había querido hacer un thriller en teatro, porque es un género muy común en el cine, pero no sobre las tablas.
¿Por qué?
Por falta de recursos y de armas narrativas… Y de las otras, porque en teatro uno no puede ir metiendo tiros, explosiones y cosas de esas. Por eso, al ser mi meta en Carnaval encontrar una forma de suspense que funcionase en el teatro, decidí que la mejor manera era no copiando al cine. De ahí partió la idea de la presencia constante de internet: con los protagonistas manteniéndose en contacto con los hechos a través de un ordenador, puedo condensar muchas cosas en un solo espacio, y jugar con la imaginación del público.
Un espacio donde la acción transcurre a tiempo real, además. Eso es una herramienta para crear tensión, como una cuenta atrás. Hay un reloj en el escenario que marca el paso del tiempo, el plazo que ha dado el asesino antes de que la bomba estalle y el niño muera. Aprovecho las ventajas que me da el medio: no hay elipsis narrativas y los personajes están ahí, son de carne y hueso, y la situación hace que el espectador se sienta dentro de la comisaría. Si consigo crear tensión en el público, es que todo ha salido perfecto.
Hablando de tensión, ¿existe la “tensión del primer éxito”?
Sí. Soy consciente de que la gente irá a ver Carnaval pensando “qué bien, vamos a reírnos como con El método…”, cuando el efecto que busco es el opuesto. Pero soy consciente de que repetir ese triunfo es imposible. Fíjate, ahora estoy preparando una comedia de las de reírte mucho. Se llama Cancún.
El método… nos llevaba al mundo de la gran empresa y las grandes decisiones. Carnaval plantea una situación de vida o muerte en un entorno íntimo, casi familiar. ¿Has pasado de lo grande a lo pequeño?
Yo busco historias que me atrapen, ni temas ni ambientes. No me levanto y digo “voy a hablar de un tema trascendente”. Con una buena historia y personajes creíbles, tienes un buen tema. Si pensara lo contrario, malo.
Sin embargo, el verano de 2007 estuvo lleno de noticias sobre niños secuestrados como Yeremi Vargas o el caso Madeleine. Aunque escribieras Carnaval en 2003, ¿no te parece normal que el público relacione la obra con esos hechos?
Lo que el público de los medios olvida es que al año hay cientos, miles de niños desaparecidos. En realidad, el tema surgió hablando con mis amigos. Yo les preguntaba por lo peor que podría ocurrirles en esta vida, y todos respondían “perder a un hijo”. Insistí más en ese tema, y coincidieron en que, peor aún que eso, sería ver morir a ese hijo y no poder hacer nada. Comprendo que los espectadores puedan indignarse, pero en mi opinión, si una obra duele, debe doler mucho.
En eso coincides con Sergi Belbel, también dramaturgo y uno de los directores de Carnaval…
Sí, Sergi y yo somos muy amigos. Tenemos la misma edad y hemos pasado mucho juntos. Pero sus obras están más centradas en la investigación formal, y sus personajes se tragan las emociones y la tensión que los míos sueltan abiertamente.
Tras una comedia negra y un thriller, ¿qué géneros te gustaría abordar en tus siguientes trabajos?
Tengo dos sueños: el primero, una obra de miedo, algo dificilísimo que nadie ha logrado, en mi opinión. El segundo, aún más difícil, una road movie.
¿Y cómo sigue tu trabajo como guionista de cine?
Acabo de terminar un guión para el director Manuel Huerga. Se llama Las madres de Elna. Trata sobre los exiliados republicanos a los que el gobierno francés internó en campos de concentración para no tener problemas con Franco. También tengo un proyecto con la novela Mecanoscrito del segundo origen de Manuel de Pedrol, uno de los mejores textos nunca escritos en catalán. Pero para llevarlo a la pantalla necesitaríamos buenos efectos especiales y actores infantiles, además de que la historia es muy controvertida. El autor era tan misántropo que decidió que para lograr la utopía había que matar a toda la humanidad menos a una pareja de niños…
Tras tu mala experiencia con la adaptación al cine de El método…, ¿autorizarías una película de Carnaval?
Pues mira, me encantaría, pero este mismo año han estrenado un filme americano llamado Untraceable cuyo argumento, fíjate tu, es idéntico a mi obra en casi todo. Así que creo que será imposible.
Carnaval se estrena el 1 de abril · Teatro Bellas Artes