Algunos han criticado que Juan Mayorga actualizase el texto de Ibsen en este brillante montaje de Gerardo Nieva con la excusa de hacerlo más accesible al espectador actual, algo que en mi opinión es uno de sus mayores aciertos, además de su vigorosa y trepidante puesta en escena. También es cierto que alguna sobreactuación deja la nota en notable alto, lo cual es decir mucho a su favor.
Tanto las tesis sostenidas en su día por el autor noruego como el trasfondo general se respetan al máximo. Dos ideas centrales se exponen sin cortapisas: la crítica a la ambición personal, que por encima del bien general gobierna al individuo, incluyendo aquí al protagonista, que aquí lucha sólo contra una ciega mayoría; y unida a esta, su crítica hacia la uniformidad de aquella y las limitaciones del sistema representativo, en el que tantas veces el poder manipulador del que manda sólo tiene como objetivo el perpetuarse.
Teatro Valle Inclán. Hasta el 25 de marzo