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Jose Carlos Martinez. Foto Fernando Marcos

José Carlos Martínez
Paso a paso

Detrás de un nombre tan común y de un hombre tan cercano, se encuentra uno de los bailarines y coreógrafos más importantes, premiados y reconocidos del mundo. Acaba de abandonar su puesto de bailarín estrella de la Ópera de París para hacerse cargo de la Compañía Nacional de Danza. Y aunque lo hace en un campo minado tras la polémica salida de Nacho Duato, que tras veinte años de trabajo ha prohibido representar sus obras a la Compañía, traslada la firmeza del que tiene sus pasos muy estudiados.

José Carlos Martínez (Cartagena, 1969) reconoce sentirse emocionado ante el gran reto e intranquilo por todo el trabajo que hay que hacer. "Es un momento muy especial porque no tenemos las coreografías de Nacho, pero la Compañía ha tenido una gran progresión representando sus obras por todo el mundo y está reconocida internacionalmente. Ahora sin ellas, no existe repertorio y hay que empezar de cero".

Grave, elegante y conciliador, José Carlos Martínez irradia confianza en su proyecto y despliega una sencillez y naturalidad que contrasta con la altura que ha alcanzado como artista. "No he hablado aún con Nacho Duato, sí lo hice antes. Hay que dejar pasar un tiempo, que todo vuelva a su sitio y confío en que de una manera u otra se pueda volver a colaborar con él".

Si Nacho Duato apostó de manera unidireccional por la danza contemporánea dejando al margen cualquier otro género, la llegada de José Carlos Martínez se interpretó por algunos como un giro radical en la Compañía hacia el ballet clásico o el neoclásico. Pero, una vez más el nuevo director se muestra integrador. Aunque le preocupa que en España siempre se pongan etiquetas, apuesta por una convivencia de géneros más que por la fusión. "La gente piensa que como vengo de la Ópera de París voy a transformar la Compañía, pero no va a ser así y pronto lo verán. Vamos a seguir donde está y vamos a ir abriendo puertas. En el futuro me gustaría que la Compañía pudiera bailar todo, cosas neoclásicas por una lado y de vanguardia por otro; navegando en medio y encontrando una nueva identidad".

El multipremiado bailarín no sólo ha interpretado los grandes ballets del repertorio clásico, sino que ha actuado como artista invitado con los más importantes coreógrafos y compañías de danza del mundo,  creando ocho coreografías propias. Tal vez bailar con la política sea su baile más complicado.

"No es difícil bailar con la política, porque somos independientes. Será muy importante la financiación de la compañía, pero en la parte artística tenemos total libertad. Las crisis son un buen momento para la creación".

El  murciano, que fue seleccionado por el mismo Nureyev para el cuerpo de baile de la Ópera de París, sintió en sus carnes la imposibilidad de hacerse un hueco en su profesión en su propia tierra. Tal vez por ello hace unos años montara un proyecto (José Martínez en Compañía) que organizaba galas en España que traían a muchos solistas españoles que estaban desarrollando su trabajo en el extranjero. "El mundo de la danza no está tan desunido. Lo he visto con todas las felicitaciones que he tenido, la cantidad de ayuda que me han ofrecido y las ganas tan grandes de participar que he visto".

Otro de los nombres que junto al suyo sonaba en las quinielas era el de la bailarina Tamara Rojo, pero José Carlos Martínez nos aclara que finalmente no presentó proyecto. "Conozco mucho a Tamara y a su familia. Creo que era un poco pronto para ella. Tamara sigue bailando en el Royal Ballet. Como bailarín he estado atento a lo que pasaba y mi relación es buena con Tamara, con Lucia Lacarra, Alicia Amatriain o demás bailarines españoles.  Me gustaría y quiero que vengan a bailar a la  Compañía, pero lo primero es tener temporada y repertorio".

Con todo lo que tiene que lidiar, uno se pregunta si tendrá tiempo para soñar y cuál es su sueño para la Compañía. "He bailado más de lo que nunca había pensado. Como bailarín he dado ya la vuelta a esta profesión. Empezar con la Compañía Nacional es empezar un nuevo reto. Mi sueño es poder llegar al máximo público posible y poder descubrir a la gente que le gusta la danza una faceta diferente de esta. Que el público salga de un espectáculo diciendo que ha visto algo nuevo y que además le ha gustado".

En su proyecto, además de crear una compañía abierta a todos y convertir la CND en un motor de dinamización de la danza en España, destaca la tarea de acercarla a todos los públicos. Porque uno tiene la sensación de que la gran mayoría de jóvenes no han visto nunca un espectáculo de danza: "El Teatro Real está haciendo todo un programa de acercamiento y queremos sumarnos a esa brecha. Adaptarse a la gente de hoy con proyectos más interactivos, pero también que se acerque, que visite la sede, que vea cómo trabajan los bailarines, que se interese por la danza como algo cercano. Llevar la danza también a programas infantiles".

La CND cuenta con la Compañía Nacional de Danza 2 integrada inicialmente por jóvenes bailarines, pero que finalmente se consolidó como una compañía más, independiente y con un elenco de bailarines fijo, que se sumaba a la principal. "La 2 va a continuar y estamos trabajando para que tenga su propia vida. Lo que es seguro es que vamos a renovarla. Vamos a volver a lo que fue su esencia con bailarines jóvenes, que estén en formación. Trabajarán dos o tres años con nosotros para, a partir de aquí, entrar en la principal o abordar su propia carrera profesional. Y con los bailarines que tiene ahora la 2 tendrá que pasar lo mismo".

Martínez no descarta en un futuro como coreógrafo español participar en la Compañía o, menos probable, bailar. "Esto es lo menos importante ahora, no quiero que sea mi compañía, ni una compañía de autor".

Ha trabajado con los más importantes coreógrafos de la actualidad pero él destaca a su interpretación en Giselle, de Mats Ek, porque "fue mi primera obra contemporánea y supuso para mí un antes y un después", y su trabajo con Pina Bausch en Orfeo y Eurídice. "Pina trabajaba con personas, no sólo con bailarines. Ser  buen bailarín no era suficiente, había que desnudarse".

Con el pasado que atesora y el futuro que asume me pregunto, aunque me temo la respuesta,  si le gustaría ser considerado más como un genio o como un maestro. "Ni lo uno, ni lo otro. Genios hay muy pocos. Maestros hay más... Supongo que un maestro con un poco de genialidad y con ciertos criterios".

De momento podremos ver su primer paso en enero en el Teatro La Zarzuela que parece que será la ubicación más estable de la Compañía, aunque no descarta nuevos espacios como Matadero o el Teatro Real "según el nuevo repertorio y las necesidades que tengamos". En enero comenzamos con cosas que estaban en el repertorio de la compañía, una pieza de William Forsythe y cosas nuevas. Una pequeña tarjeta de visita de lo que podría ser la Compañía en el futuro". 
Si la nueva Compañía tiene los atributos que propone para un buen bailarín, "un todo, la técnica, el cuerpo físico, la cabeza, lo que hay dentro del corazón y lo que se transmite", podemos estar expectantes e ilusionados ante este nuevo vuelo.

Texto: Rubén Arribas. Foto: Flockwork © Fernando Marcos, (sumario) Orfeo y Eurídice © Sveeva Vigeveno

Compañía Nacional de Danza. Dir. José Carlos Martínez. Del 18 al 22 de enero y del 16 de junio al 1 de julio de 2012 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

José Carlos Martínez: Paso a paso