
Nanomedicina y genética
España, 2022 según el INE. Los hombres vivirán un par de años más de media (80,9 años) y las mujeres 1,5 más (86,3 años) y entre ambos formarán un país de 45,6 millones de habitantes donde, desde hace tres años el número de defunciones supera al de nacimientos.
Un sistema de pensiones que empieza a resquebrajarse y una sanidad que suda tinta para atender a una población envejecida llena de enfermedades crónicas. Pero también una sociedad con hábitos más saludables, consciente de que al menos disminuir la intensidad de esas enfermedades fumar como carreteros, beber como cosacos o hacer sillón-ball es el camino opuesto al debido.

El optimismo llega por los avances que en cirugía, neurología, el tratamiento del dolor y la genética. Gracias a esta última Bill Gates (que ha donado a la I+D médica 26.000 millones de dólares) considera que se podrá tener una vacuna contra la malaria en dos años. Incluso cree que una contra el VIH en cinco o diez. Y expertos reunidos recientemente en Barcelona aseguraban que la hepatitis C será curable en aproximadamente 24 meses.
De la donación de órganos pasaremos a la creación de los mismos. Tener hígados o riñones a través de células madre o curar lesiones podrían ser realidades casi cotidianas en diez años. La Cumbre Mundial de Células Madre de Baltimore ofrecía un horizonte cercano en el que una malla biodegradable actuaría como señuelo para atraer a las células madre del organismo a tejido dañado para reconstruirlo, sea una articulación con artrosis o un corazón infartado. En palabras de Josep Planell, director del Centro de Referencia de Bioingeniería de Cataluña: “Queremos llegar a la ingeniería de tejidos sin células, es decir, implantar material que lleve los elementos de señalización biológica naturales que inducen al tejido a regenerarse”. Y ahí están ya los primeros implantes robóticos para extremidades u ojos biónicos (la empresa californiana Second Sight ya tiene su propio modelo llamado Argus II) que devuelvan la visión.
Pero hay dos sectores donde tanto España como la UE son punteros y que para 2022 pueden estar ya marcando nuestro ritmo en la lucha contra la enfermedad. Para empezar, tener un mapa genético de cada recién nacido, lo que facilitará la prevención de enfermedades. Estos mapas y una intensa I+D farmacéutica harán posibles los “medicamentos a la medida” que unidos a la nanomedicina permitirán tratar sólo a las células dañadas. Un milímetro tiene un millón de nanómetros. Un virus mide unos 100 nanómetros, un núcleo de célula humana mil nanómetros o un nucleótido de ADN 1 nanómetro. Pues bien, la nanotecnología aplicada a la medicina trabaja ya con estas dimensiones, lo que nos permitirá llevar fármacos exactamente a donde se necesiten a través de pequeñísimos chips y nanorobots o la creación de nuevos y pequeñísimos materiales capaces de comunicarse con nuestros tejidos, dar órdenes a nuestras defensas…
Y por supuesto, el cerebro. Si creemos a los científicos de la Universidad John Hopkins quizá en 10 años tendremos ya medicamentos capaces de parar el envejecimiento neuronal. Incluso habrá una nueva clase de cirujanos capaces de operar en nuestra cabeza para ampliar nuestra memoria, como se hace con las computadoras. Mala solución, quizá, para quien haya quiera olvidar a la novia o para quien tenga el corazón roto por un romance que no fue. Pero para eso, seguro que alguien también inventará la píldora milagrosa, aunque no sea en 2022.
Texto: Luis Pérez Gil. Foto: Mr Toledano
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