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AFRICA
Un África para cada uno
Allí la vida dura menos pero se comprende mejor, los muertos forman parte de la vida y el tiempo se sabe consultando satélites en el cielo
Dos son los hemisferios de la tierra. Dos son también los hemisferios del cerebro. La neurología moderna ha demostrado que el lóbulo izquierdo gobierna nuestras decisiones más racionales y empíricas, mientras que del lado derecho vienen nuestras ideas más mágicas e imaginativas. Estamos hechos, pues, a imagen y semejanza del planeta: tenemos un Oriente y un Occidente.
Tenemos también un África: está más o menos en medio, y es un triángulo hecho de necesidades acuciantes y de un misticismo insondable. Fascina porque es el lado oscuro. Aunque cada uno tiene su África, la mayoría se pone de acuerdo en que es de donde viene todo, la Madre. El occidental también cultiva la creencia de que el continente es un único territorio sin ciudades, poco cosmopolita, más bien subdesarrollado. Pero eso lo desmientes viajando a metrópolis como Dakar, Johannesburgo, Abidjan, El Cairo. África no es ese territorio exclusivamente hecho de sol y firmamentos estrellados, aunque existan vastísimos desiertos como el fabuloso Kalahari (en Botswana) o el gigante Sahara, que baña de arena dorada a no menos de 15 países. A menudo África es verde (como en Kumasi, capital del mítico reino ghaneano de Ashanti). África tiene nombres obviamente mágicos (Timbuktú, Zanzíbar); tribus fabulosas (dogones, yorubas, shongais, ewes, fantis, bololos); animales (en parques como Serengueti, Ngogongoro, Kruger); deltas (Okavango); cascadas (Victoria) y ríos míticos (Nilo, Níger).
Por Bruno Galindo
Foto: Bruno Galindo
Revista 33 (15/03/2003 a 15/04/2003)
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