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AFRICA
Un África para cada uno
Es un lugar desde el cual, si se viaja por el arcén, se ve el mundo entero, y si se escucha atentamente, puede oírse el desplome de Occidente.
África es todo lo que parece, pero también muchas cosas que no parece. Es un lugar desde el cual, si se viaja por el arcén, se ve el mundo entero, y si se escucha atentamente, puede oírse el desplome de Occidente. Allí la vida dura menos pero se comprende mejor, los muertos forman parte de la vida, y el tiempo se sabe consultando satélites en el cielo. A menudo sucede que es más importante morir bien que vivir bien, cuidar más de los viejos que de los niños, y tener siempre una sonrisa por brújula. El africano está hecho de un fuego que se consume despacio: es la suma de nuestros antepasados y de los que aún no han llegado.
En África es fácil ser invitado a tomar té o café en una casa que resultará ser una choza, en una cocina que resultará ser una hoguera en el suelo. Reconocerás el espacio como uno de esos cuadros representados en los museos arqueológicos para explicar cómo era la vida hace millones de años. Ya tenías la certeza de que África es el lugar del que viene todo. Pero cuando estás en esa choza, frente a esa hoguera, con esa familia, te surge otra pregunta: ¿y si esa estampa africana tan habitual, que nosotros identificamos con el estereotipo de lo primigenio, fuera en realidad el futuro? ¿Y si esos hombres y mujeres fueran parte de una estirpe tan veterana que hubiera dado la vuelta al contador del tiempo y hubiera pasado por todo aquello que es cotidiano para nosotros hace miles, millones de años? ¿Y si hubieran rebasado nuestra Historia?
Mientras en tu personal ruta africana vas uniendo la línea de puntos buscando una semiótica del porvenir, África te regala esas dudas.
Por Bruno Galindo
Foto: Bruno Galindo
Revista 33 (15/03/2003 a 15/04/2003)
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