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CASAMANCE
La paz en senegal
La rigidez de la capital se diluye en esta región que el viajero ya sólo a duras penas querrá abandonar
Como esto es África, sin embargo, no se debe pensar que Cap-Skirring, pese a la afluencia de turistas, cuenta con asfaltado, o que el alumbrado público brille más allá de por su ausencia.
Las "infraestructuras" se reducen a numerosos restaurante familiares y alojamientos. Por ello, no está de más caminar las tres horas que distan hasta Djembering, una pequeña aldea cercana al mar, casi incomunicada y rodeada de arrozales y zonas de pastoreo. Por su puesto, lo primero que ve el visitante al penetrar en el pueblo es una ceiba colosal que por sí sola configura la plaza de la aldea. Pese a la cristianización, ha mantenido sus usos, su rama dialectal del diola, sus cánticos que entonan los muchachos cuando vuelven de los arrozales que ellos mismos trabajan durante las vacaciones escolares.
Muchachos y muchachas, porque al contrario que en el resto del país, en Casamance se ven grupos de hombres y mujeres. La rigidez de la capital se diluye en esta región que el viajero ya sólo a duras penas querrá abandonar.
Por Santiago Fernández Patón
Foto: Andrea Froidl
Revista 43 (15/04/2004 a 15/05/2004)
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