Por fortuna domino mal que bien la lengua de Cervantes y pude, finalmente, volver al Loop en el autobús gratuito de mi ya idealizado Ayuntamiento de Chicago (si bien uno de sus retos debiera ser, precisamente, fomentar la integración y no la creación de guetos; Pilsen es un barrio de primera comparado con otros territorios comanche del suroeste de la ciudad).
A mi regreso, pasé por el Field Museum, el Tiranosaurius Rex más grande del mundo, el Acuario, tiburones de película, y el Art Institute (
www.artic. edu/aic ), una gran colección permanente con cuadros de Turner, Picasso, Van Gogh, El Greco, etc. Pero el gran homenaje llegó en forma de perrito, nachos y pinta de cerveza en el célebre Wrigley Stadium, el estadio de los Chicago Cubs (
www.cubs.com ). Resulta innecesario conocer los matices del béisbol; se trata de un deporte que hermana a los seguidores de los dos bandos en una moña común con escasísimos brotes de violencia. Así es la diva humilde del Medio Oeste. América profunda y amable, metrópoli cosmopolita y sin tacón.