Del Castillo de Edimburgo, erigido sobre un volcán, emana el aliento espectral de la ciudad. En cada esquina sobrevive un fantasma, una leyenda inspirada en historias de asesinatos y desapariciones. El recorrido comienza en el
callejón de Mary King, en Edimburgo. El
fantasma de Mary King es tan famoso como Annie, la niña abandonada, o el
monstruo del Lago Ness (muy cerca de Edimburgo) e incluso inspira, cada año, un festival de espectros (
www.edinburghghostfest.com).
Pero la oscuridad de Edimburgo no es sólo legendaria. La exclusión social es real. De drogas o delincuencia hablan las
novelas de Irving Welsh (Trainspotting)
o Ian Rankin, el escritor oficial –vivo– de Edimburgo. El protagonista de su obra, el inspector Rebus, recorre la ciudad en busca de pistas y sospechosos. Su fama ha crecido tanto que un empresario decidió convertir los lugares frecuentados por el Carvalho escocés en una ruta literaria:
www.rebustours.com. Una parada obligada ha de ser
Oxford Bar. No sólo por su importancia en la obra de Rankin sino también porque es una taberna amable donde se puede hablar, ser oído e ingerir cerveza de calidad.
Otro local con caché en Edimburgo es
The Elephant House. Allí se bebe té o café, se come ligero, se puede degustar una copa de vino, quizás un vaso del exitoso
refresco de cafeína Irn-Bru, charlar, revisar el correo electrónico e incluso escribir un libro. De hecho, la Rowling aprovechó la paz de este bar para dar forma a su pequeño Potter. ¿Saldría la magia del buen rollito del Elephant? ¿O de las calles de Edimburgo? No sería raro. Por ellas vagan los fantasmas de Stevenson, Conan Doyle o Walter Scott. Ni más ni menos. Clic. Enviar a El Duende. Clic.