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HIGHLANDS
La carretera a las islas
La latitud de Escocia es muy nórdica y el sol de otoño e invierno se levanta muy poco en el horizonte
En nuestro autobús viajan jóvenes escoceses que vinieron a la metrópoli de compras. La metrópoli es Glasgow, donde se dan la mano lo campechano con la vanguardia y un afán de diseño que la hizo merecedora del título de Capital Europea de la Arquitectura. Unos asientos más adelante va una anciana vestida con chándal y pelo blanco, y polacos, ucranianos, rusos, y en general gente del este entre los que desentonan gestualmente dos o tres españoles. Todos se van bajando poco para trabajar en los hoteles y casas Bed & Breakfast cada vez más en medio de ningún sitio que jalonan el camino. Fuera del autobús, en la primera parte del viaje, todos son bosques de hayas y olmos semidesnudos y un tupido tapiz de helechos. Las hojas amarillentas o pardas gotean por todos lados y alimentan la compleja red de arroyos que se ramifica por cualquier sitio. Se la puede sentir hacerse cada vez más caudalosa hasta llegar en cascadas a los lagos, muchas veces pasando intubada bajo la carretera mojada. La latitud de Escocia es muy nórdica y el sol de otoño e invierno se levanta muy poco en el horizonte. Todo el día hay una luz de amarillo lavado que parece enfriar más que caldear.
Por Moisés García
Foto: Moisés García
Revista 53 (15/04/2005 a 15/05/2005)
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