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HIGHLANDS
La carretera a las islas
Escocia lucha contra la despoblación en las Highlands estimulando económicamente a las madres jóvenes que se quedan a criar a sus hijos
Una vez franqueamos el paso natural que supone la punta más septentrional del Lago Lommond, ya estamos en las Highlands, y el paisaje, como el autobús, se va vaciando. Cada vez las laderas son más escarpadas, los valles más amplios, los lagos más oscuros y la tierra más humilde, con pocos grumos de árboles que echarse a la vista. La escala humana se resiente y así llegamos a los páramos de Crannoch Moor, una altiplanicie por donde la carretera cruza un territorio calado y pantanoso por donde el agua aflora hasta el punto de inundar el asfalto cuando llueve copiosamente. Hay árboles oscuros sin hojas que se alzan en medio del agua, troncos podridos y rocas de granito redondas como hiperbólicos cantos rodados.
No es de extrañar que la finura inglesa atascara en estas tierras cuando trataba de someter a los highlanders. Las postales aéreas del lugar cuando nieva revelan como un bizcocho borracho espolvoreado con azucar glasé. Borracho de whisky, por supuesto. El autobús para y alguien se baja en un cruce de carreteras siniestro y despoblado y se pierde entre la fina lluvia. Escocia lucha contra la despoblación en las Highlands estimulando económicamente a las madres jóvenes que se quedan a criar a sus hijos. Sorprende la cantidad de chicas casi adolescentes empujando carros con bebés al visitar las poblaciones mayores, y desalienta la falta de aspiraciones de los jóvenes locales. Ken Loach.
Por Moisés García
Foto: Moisés García
Revista 53 (15/04/2005 a 15/05/2005)
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