Nada por delante, nada por detrás, sólo áridas montañas para ser cruzadas en coche y tomar perspectiva. Conocida como The Sin City (“la ciudad del pecado”) el nombre de “Las Vegas” se lo dieron unos colonos españoles que camino de Texas tropezaron con un verde manantial en medio del desierto. El juego no llegaría hasta un siglo después (mediados del XX) cuando Benjamín “Bugsy” Siegel, un aprendiz de actor cansado de interpretar a mediocres pistoleros de Hollywood, convence a los miembros de la mafia para que inviertan en la construcción de un hotel-casino, el Flamingo. Aunque muere poco después asesinado de un tiro en su casa de Los Ángeles, la semilla ya está plantada.
Hoy la ciudad la conforman un núcleo de hoteles-casino y una masa de casas. Entrar en Las Vegas en coche es impactante, sobre todo si se hace de noche: de pronto letreros luminosos, capillas y miles de casinos bombardean la visión del visitante. Resulta increíble que la ciudad que hoy conocemos date de hace tan poco y que su arteria principal, The Strip, flanqueada por espectaculares edificios, empezara a desarrollarse en los años 90. Hasta entonces Freemont Street, en Downtown, era el centro neurálgico de toda la actividad y el escenario de las películas que han fraguado la imagen que se suele tener de la ciudad.
The Strip es hoy una inmensa avenida donde se erigen todos los hoteles-casinos más conocidos, una especie de parque de atracciones urbano lleno de réplicas de grandes maravillas del mundo entero, como el Hotel Luxor que recrea el esplendor del Egipto faraónico con una pirámide negra de 106 metros de altura junto a la gemela de la Esfinge de Gizah, ésta más grande que la original, y varios obeliscos. O el Caesar Palace, que conjuga la arquitectura de los templos romanos con la altura de los rascacielos, y permite -entre otras cosas- admirar un Coliseo excelentemente conservado. El New York, New York combina un exterior-conglomerado de los iconos más emblemáticos de “la ciudad que nunca duerme”: la Estatua de la Libertad, el Empire State Building y el Puente de Brooklyn. Además, en su interior, árboles artificiales y riachuelos rodean al casino a modo de Central Park, hay un bar en el medio de Times Square iluminado con luces de neón, y se puede picar algo en cualquiera de sus puestos callejeros (unos míticos pretzels, una pizza o un perrito caliente) o comprarse entradas para cualquiera de los espectáculos que nada tienen que envidiar a los de Broadway.
El Paris recrea también una pequeña porción de la capital francesa con un palacio estilo Luis XVI, una Torre Eiffel, un Arco del Triunfo, fuentes, estatuas, calles adoquinadas, y hasta una boca de metro estilo Art Nouveau. Pero el Venecia es probablemente la reproducción más impresionante de todo el conjunto, con sus canales surcados por góndolas, mimos, palacios, carabinieri,… en un interior en el que nunca es de noche, ha abierto sus puertas el Museo Guggenheim Hermitage.
Hollywood no podía faltar en este pequeño mundo en miniatura. El MGM presenta una fachada llena de artículos del cine Americano. Como escenarios de historias fantásticas, es necesario pasar rápidamente por la corte del Rey Arturo (El Excalibur) o Piratas del Caribe (Treasure Island). Y por último también los hay que no son gemelos de nadie, como el Bellagio, en cuya entrada se celebran todos los días espectáculos con chorros de agua que articulan elegantes coreografías.
Pero nadie va a Las Vegas sólo a ver edificios. La gracia reside en que en cada hotel, en cada esquina, hasta en el propio aeropuerto una vez pasadas las puertas de embarque, existe alguna forma de juego. Todos estos hoteles contienden inmensos casinos con todas las comodidades. Además, muchos de ellos tienen capillas para bodas exprés – que incluyen la modalidad Marilyn-Elvis- y un sinfín de espectáculos que van del cabaret al Circo del Sol, pasando por musicales como el de Celine Dion.
Y no hay que dejar de visitar el olvidado Downtown, porque el 4 Queens, el Freemont o los típicos neones del cowboy y la vaquera, lejos de la espectacularidad de los hoteles de la calle Strip, tienen a sus espaldas mucha historia. Cubierto hoy por una enorme bóveda que funciona como soporte de una animación, es de obligada visita el lugar donde toda esta locura comenzó.