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MUNICH
La isla imposible
El invierno y la perpetua lluvia de estas tierras lo convierte en una desoladora sucesión de praderas atravesadas por el río Isar y solitarios caminantes
Lo que sí es una isla es el Englischer Garten, uno de los mayores parques públicos de Europa. El invierno y la perpetua lluvia de estas tierras lo convierte en una desoladora sucesión de praderas atravesadas por el río Isar y solitarios caminantes. Cruzan también esporádicos estudiantes en sus bicicletas, que abundan en toda la ciudad, incluso en los días de lluvia.
La peculiar Torre China, reconstruida tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, no es sino un testigo mudo de este inhóspito paraje. Pero a Baviera también llega el sol, y es aprovechado hasta la saciedad. El Englischer Garten cobra otra identidad durante los meses estivales. Lo más llamativo es, quizás, la costumbre de tomar el sol en cueros: en cuestiones de liberalismo, los alemanes se encuentran a la cabeza de Europa. Y estamos hablando de Munich, la capital de la católica Baviera, religión ésta mayoritaria del sur alemán, pero algo menor en cifras al protestantismo, dominante en el norte.
En ningún pueblo bávaro falta el homenaje a la virgen ni la fiesta religiosa del Día de difuntos, que se celebra en noviembre. Sin embargo, merece la pena retroceder algunos meses. El primero de mayo, Día de Baviera, largos troncos pintados de listas azules y blancas se elevan en las rotondas de Munich. En los pueblos aledaños, uno de estos troncos es custodiado por los muchachos del lugar día y noche, ya que los chicos de los alrededores intentarán robarlo. Si lo consiguen el deshonor mayor recaerá sobre los vigilantes y su comunidad.
Por Santiago Fernández Patón.
Foto: Oficina de Turismo de Munich
Revista 32 (15/02/2003 a 15/03/2003)
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