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SIBERIA
Viaje al corazón de Rusia
¡Qué poco sabía Sacha!
En estas paradas, ninguna de las cuales supera la media hora, las babushkas (literalmente, abuelas) se acercan para vender bebida, fruta o pescado a los viajeros. Para muchas, éste es su modo de subsistencia, por lo que no es raro verlas a altas horas de la madrugada esperando con sus cestos a que el tren pare a la hora señalada.
En busca de agua fresca, algo de fruta o un puré instantáneo para variar la dieta a base de pan y queso, abandono por unos minutos la seguridad que me ofrece el vagón para enfrentarme al mundo exterior. Es curiosa la sensación de dependencia que crea el tren tras muchas horas en él. Incluso la falta de traqueteo me impide coger el sueño, acostumbrada ya al vaivén de la máquina.
Apenas veo a otros extranjeros en el tren, así que me convierto en un sujeto curioso para los rusos. El nervioso Sacha (diminutivo de Alexandre), que durante unas horas me acompaña en el compartimiento, reacciona con asombro cuando se entera de dónde soy y cuál es mi destino. “¿Siberia? ¿Y para qué? Si en Siberia no hay nada… ¡sólo bosque y más bosque!”.
Un chapuzón en el Baikal
Por fin abandono el tren en Irkustk, ciudad con muy pocos atractivos, salvo el de ser punto de partida hacia el Lago Baikal. Simulando una sucesión de muñecas rusas, dentro de la región más grande del país más grande del mundo, se encuentra este lago, el más profundo y con mayor capacidad del mundo, que en algunos puntos alcanza los ¡1.637 metros! Es el lago de agua dulce más antiguo del mundo -25 millones de años- y el más grande de Asia, y contiene una quinta parte de toda el agua dulce líquida del mundo. Este hermoso lago, de aguas puras y cristalinas, sirvió a menudo como vertedero de residuos industriales durante la época soviética,
convirtiéndolo en uno de los más contaminados del mundo. Sin embargo, todavía conserva su belleza y riqueza naturales en muchas áreas. Alrededor del lago hay zonas habilitadas para acampar, ya que los rusos adoran la vida al aire libre. La orilla oeste del lago y la isla de Olkhon son las zonas más desarrolladas turísticamente, y se accede a ellas en autobús desde Irkustk. Algunos osados se animan a bañarse desnudos, a pesar de que ni siquiera en verano el agua supera los 15º C. Yo prefiero observar cómo el cielo se tiñe de naranja y rosa al atardecer, sentada sobre un acantilado de la playa de Olkhon, y pensando para mis adentros: ¡Qué poco sabía Sacha!
Por Sonia Felipe Larios
Foto: Sonia Felipe Larios
Revista 58 (15/10/2005 a 15/11/2005)
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