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SIDNEY
No tan antípodas
Una ciudad que engancha, llena de sorpresas, donde flirtean pacíficamente tecnología y tradición
El viaje imaginario de esta cosmopolita ciudad surge de dentro hacia fuera. De la tierra al mar. De los tranvías sobre el asfalto a la libertad de los surfers sobre las olas: nada de canguros, aborígenes con lanza o koalas en las secuoyas. Sidney se ha construido de emigrantes, de gente procedente de multitud de países donde cada uno ha intentado estampar su impronta, y eso, se nota.
Más de treinta horas por el cielo separan nuestra ciudad de la capital moral de Australia.
Camberra ostenta el título oficial, sin embargo, la balanza emocional siempre recae sobre Sidney, donde flirtean pacíficamente las más avanzadas tecnologías con la más arcaica de sus tradiciones.
La población aborigen circula libremente (descalzos y fumados) entre los ejecutivos multirraciales por la larguísima calle George ST, la castellana australiana.
Existen leyes especiales que protegen a los aborígenes, quienes en su forma de vida no contemplan ni el trabajo ni la residencia fija. Son nómadas, despreocupados, desaliñados, pero poseen un modus operandi ?envidiable: se dedican a vivir.
Por Juana Fernández.
Foto: Agustín Guijarro
Revista 31 (15/12/2002 a 15/02/2003)
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