Cuando humor, alegría y música, conviven en el día a día con la supervivencia, surge el cóctel explosivo que es Cuba. Sin duda su mayor atractivo son los cubanos, que han hecho de sus circunstancias un verdadero arte a través de inventos que salpican sus calles como los coches americanos de los 50.
Estas viejas reliquias de la era del rock´n´roll son el testimonio de los años en los que Cuba era el “Burdel de los Estados Unidos”, cuando el lujo, las cantantes de boleros y los mafiosos americanos se daban cita en un mismo lugar del Caribe. Hoy estos míticos Chevrolets y Cadillacs comúnmente llamados máquinas, no sólo siguen rodando por sus calles si no que además sirven de transporte público para sus gentes junto con los estrambóticos autobuses municipales, más conocidos como camellos.
Los trapicheos salpican directamente al visitante ya desde antes de llegar: para entrar en la isla es obligatorio un visado y la reserva de dos noches en un hotel con anterioridad. Perderse la experiencia de dormir en la casa de algún particular sería un grave error. Las hay autorizadas por el gobierno y clandestinas, y muchas son antiguas villas situadas en lo que fueron en su día elegantes barrios residenciales. Si combinamos este alojamiento con comidas en los paladares, restaurantes privados como el de la casa de La Habana en la que se rodó Fresa y chocolate, nos sentiremos un poco más cerca de los cubanos que trasladándonos directamente desde el aeropuerto de La Habana a un hotel-todo-incluido de Varadero.
En la decadente Habana, la mayoría de sus habitantes se hacinan en grandes villas en ruinas compartimentadas en cuartos desde los que se asoma la ropa tendida por sus balcones. Levantado por los chinos que llegaron a Cuba en el XIX, La Habana tiene hasta un Chinatown con calles rotuladas con grafías orientales, exóticos transeúntes criollos de ojos rasgados y restaurantes de cocina fusión cubano-china para los que desen alternarla con el arroz con frijoles, tostones, picadillo, vaca frita, ropa vieja y dulce de guayaba.
Otro legado del pasado son sus puestos de libros en la Plaza de Armas, nuevo emplazamiento de lo que en su día fueron excelentes bibliotecas de familias acomodadas. Cuando la necesidad ha apretado, los descendientes de estos ávidos lectores se han visto obligados a plantar cara a una situación precaria real vendiendo verdaderas joyas literarias a precios muy bajos de lo que se han aprovechado muchos piratas editoriales.
Alrededor de La Habana Vieja y de Centro Habana, están las áreas residenciales de El Vedado y Miramar, y las magníficas playas paradisíacas del Este, de arena fina y agua turquesa; y hacia el interior, pasando por Vinales y Soroa camino a Pinar del Río, los cafetales marcan un cambio en el paisaje. A Varadero merece la pena ir - ¿cómo puede existir un mar tan azul, tan cristalino? - y ver el contraste existente entre la vida de los locales y la invasión de las cadenas hoteleras extranjeras, en donde los cubanos, por cierto, tienen prohibido por ley alojarse.
Otros rincones de la isla como Santiago de Cuba, Camagüey, Cienfuegos o Santa Clara, son un ejemplo de la dificultad de todos estos lugares de recibir las mismas cosas que la capital. En un país donde hasta las noticias pasan por un minucioso filtro, para muchos cubanos los turistas son una importante fuente de información de lo que está ocurriendo en el mundo. Con sólo dos periódicos nacionales - el Granma y la Juventud Rebelde - detrás de los que se encuentra el partido y la juventud comunista, en Cuba se revisan los artículos y reportajes que se difunden y se controla a la mayor parte de los medios de comunicación. El gobierno además desconfía de Internet y limita su uso, dando lugar a que la mayoría de la gente se haga con él en el mercado negro y se conecte clandestinamente.
Siguiendo el recorrido fuera de Tour Operador, no hay que olvidar la parte de Cuba que no es de Cuba. En condición de extraterritorialidad, Guantánamo, al sudeste de la isla, acoge la base militar de Estados Unidos, en la que éste tiene mucho interés en mantener su posición. Escenario hoy de atrocidades contra los derechos humanos, tierra de nadie, parece que no se cuestiona su legalidad internacional.