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Prime Tower (C) Zurich Tourism. Foto: Adrian Bretscher

VIAJES

Los dos lados de Zurich

Por Javier Agustí

Como destino viajero Suiza ofrece mucho más que infinitas pistas para practicar deportes de invierno o miles de kilómetros para hacer senderismo. En esta ocasión viajamos a Zurich para mostrarte sus dos lados: moderno y tradicional, para ayudarte a preparar tu visita a la ciudad.

Zurich es una de las ciudades más avanzadas del país y una de las más interesantes de visitar. Es un crisol de culturas y nacionalidades. Borra de tu mente esa imagen preconcebida de seriedad. Es vibrante y bulliciosa, llena de propuestas interesantes y deliciosa de pasear y conocer poco a poco. Te apuntamos algunos detalles sobre "los dos lados" de la ciudad.

Zurich West: Al oeste de la ciudad se encuentran los edificios más modernos, y de mayor altura, como la Prime Tower o el complejo de arte y diseño Kunsthalle. En contraste, en la parte antigua notarás que la altura máxima de los edificios, salvo alguna excepción, es de cinco pisos (decidido por votación ciudadana). El fenómeno global de la cultura hipster se ubica en Zurich West, en donde están emergiendo un barrio plagado de cuidadas tiendas, cafés y restaurantes, galerías de arte, librerías o cines (el Kosmos es un envidiable paradigma de cine contemporáneo). Justo a su lado, está uno de los dos hoteles supercool de la cadena 25hours que hay en la ciudad, en el que me alojé en mi viaje. Sorprendente, especialmente si llegas por la noche y ves que su lobby es una gran fiesta  con DJ (algo de lo que ni te enteras en sus habitaciones).

Viadukt (c) Zurich Tourism. Foto: Christian Beutler

Escaparate infinito: Las tiendas de toda la ciudad son un primor. Tanto que te sorprende que una de productos de segunda mano tenga a veces incluso mejor aspecto que otra de nuevos. En esto ha influido mucho la administración, que ha puesto a disposición de los jóvenes emprendedores, a un precio especial, determinados locales comerciales para que puedan mostrar sus cuidadas creaciones. Y es que uno de los dos objetivos actuales de la ciudad (el otro es la “Sociedad de 2000 vatios” para que, de media, cada habitante disminuya su consumo de electricidad a esa cifra) es la “densificación urbana”, para que cada edificio tenga un uso mixto: oficinas, apartamentos y, en los bajos, locales comerciales. De esta manera la población no se concentra en un mismo lugar y siempre suele haber un café o un restaurante a mano.

Arquitectura industrial: Te apunto algunos ejemplos de cómo están dando una nueva vida a construcciones que estaban en desuso. De camino hacia la zona oriental, aproximándonos al centro histórico, nos cruzamos, junto al río Sihl, con unas antiguas dependencias que albergaban caballerizas. Ahora son la sede del muy contemporáneo Teatro de las Artes, perteneciente a la Universidad de las Artes de Zurich, en el que también se programa habitualmente danza contemporánea. A continuació está Kraftwerk, un impresionante café restaurante integrado en una nave industrial en cuyo interior emergen contenedores que hacen las veces de salas de reuniones que se pueden alquilar, organizar talleres, etc. En su entrada hay conciertos y una bulliciosa terraza junto al río. Esos contenedores nos recuerdan a la sede central de la empresa Freitag, célebre por sus mochilas y bolsas realizadas con lonas recicladas, y que también puedes visitar..

Siguiendo el rio, un poco más abajo, llegamos al Museo Haus Konstruktiv, dedicado a la arquitectura industrial, importantísima en la ciudad. Y más aún ahora que esas industrias han dejado paso a espacios abiertos a todo tipo de propuestas culturales. Cuesta ver un edificio sin uso o vacío. Y si no lo tiene es que está en proceso de encontrarle una utilidad.

La poderosa trayectoria industrial Zurich ha evolucionado hacia una innovadora economía de servicios (Google posee dos oficinas en la ciudad) y es uno de los principales centros financieros del país y del planeta, por lo que no nos extraña ver abiertos los bancos casi más horas que el resto de comercios. 

Render de la ampliacion de Kunsthaus Museum (c) David Chipperfield Arquitects

Arte y diseño: En su oferta museística destacaca el Kunsthaus, que engloba una interesante colección de arte que va del siglo XIII hasta la actualidad al que se sumará la ampliación diseñada por David Chipperfield y cuya finalización está prevista para 2020. 

Si te interesan propuestas más tecnológicas puedes acercarte al pequeño pero interesante MuDA (Museo de Arte Digital) en los límites de la ciudad, en la zona noroeste, con originales y sorprendentes instalaciones artísticas interactivas. 

La ciudad respira diseño por los cuatro costados, como todo el país, que tradicionalmente ha sido una potencia en este sector. Merece la pena visitar el Museum für Gestaltung, cerca de la estación central, y dedicar un tiempo a su completísima colección.

Rakete: Si vas este verano no olvides probar el el polo helado más típico de aquí. Con su forma de cohete el “rakete”, conmemora la llegada del hombre a la Luna. Este año cumple su 50 aniversario, ¡por lo que el homenaje es obligado! (en el Kunsthaus, precisamente, hay ahora una exposición sobre este hito histórico).

En Zurich las estrellas se ven bastante bien por la noche, por cierto, no hay gran contaminación lumínica.

Cabaret Voltaire. (c) Zurich Tourism. Foto: Christian Schnur.

Orígenes: Los primeros pobladores de los que se han encontrado vestigios son lo celtas. De hecho, el nombre de Zurich proviene de Turicum, a partir del nombre del jefe celta que se estableció en sus colinas, en donde ahora se asienta  el barrio de Lindenhof, repleto de preciosas callejuelas medievales y casas de cuento, algunas de los siglos XIII y XIV, antiguas iglesias, tiendas de artesanía, etc. y en el que también se encontraron vestigios de su pasado romano. A la antigua Roma le interesó especialmente como ruta fluvial porque su río Limmat lleva al Mar del Norte tras desembocar primero en el Aar (que pasa por Berna) y este, a su vez, en el Rin.

Si vas este verano puedes hacer coincidir tu visita con el 1 de agosto, que es la fiesta nacional, conmemorando el aniversario del Pacto Federal de 1291, primer paso hacia lo que es ahora este país.

Vista desde el río Limmat

Agua: Suiza es un país de manantiales, lagos, ríos y glaciares. El agua parece un elemento inagotable, pero allá donde haya un grifo lo más probable es que veas un cartel que indique lo contrario, para que ahorres. La conciencia medioambiental está muy asentada.

Los ríos Limmat y Sihl cruzan la ciudad en dirección norte-sur. No puedes dejar de mirar con envidia cómo fluyen tan transparentes. 

A lo largo del espectacular lago Zurich, al sur, podemos llevar a cabo un delicioso paseo por inmensas explanadas verdes en las que te puedes cruzar con, desde familias haciendo pícnic, hasta a acróbatas ensayando sus números. Se mezclan todo tipo de personas de distintas edades y clases sociales descansando o charlando sobre la hierba. Y en la que te encuentras espacios arquitectónicos tan dispares como el Pabellón Le Corbusier; última obra proyectada por el célebre arquitecto suizo, o el Jardín Chino, a pocos metros de distancia, entre otros.

El verano es ideal para visitar la ciudad gracias a sus numerosas piscinas públicas fluviales gratuitas, así como las playas a lo largo del lago.

En las plazas y calles de su núcleo central, además, sus innumerables fuentes (potables, por supuesto) están a tu disposición en todo momento. Be water my friend.

Pabellon Le Corbusier  Foto: Cristian Beutler (c) Zurich Tourism 

Naturaleza: Es consecuencia de lo anterior. Además de estar llena de parques y jardines, Zurich está muy cerca de la montaña y el bosque (un tercio del país es bosque). El de Sihwald, dentro del parque natural de Wildnispark (a 20 minutos en coche, hay trenes cada hora) es el más espectacular y en el que la fauna salvaje vive en libertad (separada del tránsito humano, no temas).

Hay dos jardines botánicos, el antiguo, en el centro histórico, ha quedado como un pequeño reducto de paz en el que escuchar los pájaros entre árboles en plena urbe, pero el de la Universidad de Zurich, del siglo XX, con sus reconocibles invernaderos semiesféricos.

En lo alto del monte Uetliberg, al que se accede cómodamente en cercanías se encuentra el mejor mirador para ver la ciudad desde las alturas (cerca de 900 m). En mi caso, me encontré allí, por casualidad, con una fiesta de música electrónica en la que jóvenes venidos de todos los puntos de la ciudad disfrutaban del ambiente en una encantadora puesta de sol.

Pradera frente al Lago Zurich 

Lujos: atravesar Bahnhofstrasse es gratis, pero verás que solo entre joyerías y relojerías de lujo hay 25 en la misma calle. Un tesoro un poco más asequible es el de su apreciado y conocido chocolate. Sus talleres artesanales ofrecen su producto como si fuesen piedras preciosas (Max Chocolatier es un buen ejemplo).

El tranvía es el rey del transporte en la ciudad

Cómo moverse: El transporte en Zurich está dominado por sus tranvías. Rápidos y puntuales, te permiten llegar a todos los puntos de la ciudad con comodidad. También sus autobuses. Las bicicletas también pueblan las calles de la ciudad aunque estas no poseen un carril bici segregado del tráfico, por lo que al foráneo quizá no le resulte tan apetecible, especialmente si no está acostumbrado a lidiar con los tranvías. Si no llevas prisa, es una ciudad muy agradable para caminar. Para distancias algo más largas, desde la moderna estación Central (Zürich HB) los trenes de cercanías te permite llegar a localidades limítrofes con rapidez.

Por cierto, hasta que lleves el DNI, no olvides cambiar tus euros a francos suizos y ten en cuenta la opción de comprar la Swiss Travel Pass para moverte en transporte público ¡y entrar a muchos museos gratis!    

Colección Oskar Reinhart en Winterthur. Foto: Dominique Uldry

Escapada a Winterthur

En apenas 20 minutos en cercanías desde la Estación Central llegas a un destino que tiene algunos ingredientes muy interesantes para completar tu viaje. 

En la parte más elevada de la localidad de Winterthur se ubica la Colección Oskar Reinhart, una de las colecciones privadas más importantes de arte del Siglo XX. Se muestra en la que era la residencia del propio coleccionista, con un jardín idílico en un entorno encantador. Esta apacible localidad (el concepto “calidad de vida” encuentra una definición perfecta) aloja también el Fotomuseum, que almacena  una de las colecciones de fotografía más importantes del mundo, y en el que sus colecciones temporales exponen una pequeña muestra.  

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