Imagen del montaje de “Eonnagata”, de Robert Lepage. Foto: Érick Labbé.

Robert  Lepage

El equilibrio perfecto

No se abre el telón porque no lo hay, hay un escenario diáfano iluminado con un cóctel de luces azules. Tres actores se mueven a ritmo de una fuerte percusión y cantos líricos. Al fondo, en una enorme pantalla asoman ráfagas de imágenes y palabras. Hay argumento, se habla de algo, con un mixto de lenguaje físico y verbal: de la indefinición del género de ciertas personas.

Que nadie intente evitarlo, es imposible que semejante precipitado escénico no le robe la atención a uno. Su título es Eonnagata, pero, ¿qué es, una obra de teatro, una ópera, danza? No seamos tímidos: es todo un universo, como lo es cada uno de los montajes de su creador, director y cointérprete canadiense: Robert Lepage.

Ingresó en el Conservatorio Dramático d'art de Québec con diecisiete años. Pronto empezó a armar espectáculos, siempre sumando innovación audiovisual con una temática social. Ni una vez ha golpeado con la pelota en la red, siempre ha tenido éxito, así que no ha tardado en cubrirlo una borrasca de premios. Fueron La trilogía de los Dragones, Vinci, Polygraph, Circulations y Les plaques tectoniques los que le granjearon la fama internacional. Ha formado la compañía Ex Machina, que complementa el centro de producción multidisciplinaria Caserne (o viceversa, el orden de lo complementado no altera el producto) y que tiene una actividad de producción hiperactiva, de obras como Eonnagata, The Andersen Project (estuvo en el Festival de Otoño de Madrid en 2009) o Performing past and present. Para no perder contemporaneidad, su propia voz (una grabación de audio) responde a nuestras preguntas a través de internet.

El autor no quiere que lo suyo sea sólo teatro, porque le parece una disciplina moribunda, que está en tiempo de descuento y cree que hay que ingeniárselas para modernizarla. En el documental The seven faces of Robert Lepage, nos anima a tener "más creatividad". Y en su mensaje del Día Internacional del Teatro de 2008 dijo: "La supervivencia del arte teatral depende de su capacidad para reinventarse, asimilando nuevos utensilios y nuevos lenguajes. Si no, ¿cómo podría continuar siendo el teatro testigo de los grandes acontecimientos de su época? (...) ¿Cómo podría jactarse de ofrecer soluciones a los problemas de intolerancia, exclusión y racismo, si en su misma práctica rechazase cualquier mestizaje o integración?" En la línea de la tecnologización escénica, Lepage ha adaptado varias de sus piezas al cine: "No estoy obsesionado con hacer mis obras más cinematográficas, pero sí con introducir ciertos elementos de su lenguaje, porque está por todas partes, y el teatro no puede evadirse, tiene que incluirlo o referirse a él".

Esta es su opinión, pero, en general, ¿qué pasa con la gente? ¿También está aburrida del teatro tradicional? "No creo. Es más una cuestión de intentar introducir en las obras las diferente herramientas de comunicación que aparecen a diario, avances tecnológicos como Internet, los móviles, etc. En el teatro un grupo (el autor y el elenco) habla a otro (el público), es un diálogo, y se trata de codificarlo con la misma naturalidad".

El conjunto de las obras de Lepage es heterogéneo. Forman un caleidoscopio de muchos de nuestros problemas sociales. Pero hay una percha recurrente, sobre la que suele armarlas: los complejos de personalidad y el maltrato infantil. Seguramente le interesen porque él fue un chaval maltratado por otros chavales, y eso deja un poso (apunte histórico-artístico: he aquí otro caso en que la desgracia es el patio donde juega la imaginación artística). ¿Es necesario, según Lepage, conocer los detalles personales de un autor para entender su obra? "No creo. El público, que simplemente reciba las emociones que se le presentan. Quizá esté interesado en profundizar en el carácter de los personajes, pero no necesariamente tiene por qué ser una proyección del autor".

En su libro Quelques zones de liberté, Lepage explica que él no sigue la rutina clásica para componer un montaje, a saber: escribir el texto, revisarlo, representarlo, y si hay suerte, traducirlo. Él sigue otra estrategia: representa con los actores una idea abocetada, y después de ensayarla varias veces, escribe el texto. ¿Qué ventajas y desventajas percibe en cada uno de estos métodos?: "En la forma tradicional de escribir, obtienes una calidad literaria mejor en cuanto a estilo, cuidado de las palabras, musicalidad, etc. Pero en los procesos colectivos como el mío, el estilo literario sufre un zarpazo, aunque, creando una obra con otros departamentos, creas un producto más teatral, más equilibrado en cuanto a coreografía, iluminación, trabajo de sonido y vocalización. Obviamente, ambos métodos tienen sus fortalezas, y no quiero decir que uno sea mejor que el otro, pero yo me siento mucho más cómodo trabajando de la segunda manera, colectivamente".

Imagen del montaje de "Eonnagata", de Robert Lepage. Foto: Érick Labbé.

"Eonnagata". 13 y 14 de enero en el Odyssud de Blagnac (Tolouse). Francia.

El equilibrio perfecto